La báscula no miente


Bhagavad-gītā 2.59

A algunas personas con obesidad mórbida, sus médicos y familiares les pueden aconsejar, casi obligando, a adoptar una dieta controlada para perder grasa. Puede que la adopten a regañadientes, pero como siguen deseando comer alimentos ricos en grasas, pueden sucumbir a la tentación y darse atracones en privado. Ante el mundo, pueden afirmar que siguen la dieta controlada, pero su momento de la verdad llega cuando tienen que subirse a la báscula. La báscula no miente: su lectura refleja lo que hemos comido y acumulado como grasa en nuestro cuerpo.

De igual modo, nosotros también podemos empezar a seguir principios espirituales y a regular nuestros excesos materiales. O al menos podemos fingir que lo hacemos ante el mundo. Pero nuestros apegos pueden ser tan fuertes que podemos caer en la tentación en privado de aquello de lo que nos abstenemos en público. El Bhagavad-gītā (2.59) señala nuestra situación cuando afirma que, incluso cuando nos refrenamos, los deseos persisten. Y esos deseos pueden impulsarnos a la indulgencia y a la recaída (2.60).

Nuestro momento de la verdad llega cuando nos enfrentamos a la tentación. Así como la báscula muestra el peso acumulado, nuestra conciencia se ve abrumada por todos los placeres a los que nos hemos entregado. Nos sentimos agitados, cautivados, adictos; el peso de nuestros propios deseos nos arrastra y nos mantiene hundidos.

En el momento de la muerte, nuestra consciencia determinará nuestro destino tras la muerte. Si nuestra consciencia está agobiada por los numerosos placeres materialistas a los que nos hemos entregado, no podrá elevarse hacia Kṛṣṇa.

Cuando tenemos que someternos al peso de nuestro propio karma, el kama que hemos albergado en nuestro interior no permanecerá oculto, aunque no se manifieste externamente a lo largo de nuestra vida.

Sabiendo que nuestro momento decisivo llegará tarde o temprano, más pronto que tarde, podemos esforzarnos con ahínco por cambiar esa verdad interiorizando nuestras prácticas devocionales al máximo de nuestras posibilidades. E incluso si alcanzar la pureza parece estar más allá de nuestro alcance, aun así, con nuestra práctica sincera, atraeremos la misericordia de Kṛṣṇa, y esa misericordia hará posible lo imposible.

Al alma encarnada se la puede alejar del disfrute de los sentidos, aunque el gusto por los objetos de los sentidos aún quede en ella. Pero, al experimentar un gusto superior y dejar por ello semejantes ocupaciones, su conciencia queda fija. - Bhagavad-gītā 2.59

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