Bhagavad-gītā 2.63
Ser consciente es ser deseoso: nuestros deseos impulsan naturalmente nuestras percepciones y acciones. Cuando viajamos y deseamos comer algo, naturalmente buscamos un restaurante.
Sin embargo, ser consciente también significa ser perspicaz: discernir qué deseos aceptar y cuáles rechazar. Si tenemos diabetes, optaremos por alimentos sin azúcar, aunque veamos muchos postres tentadores.
Sin embargo, los deseos pueden degradar nuestra capacidad de discernimiento, primero infiltrándose en nuestra consciencia y luego dominando la misma. El Bhagavad-gītā (2.62-63) advierte que, cada vez que contemplamos un objeto de los sentidos deseable, ese deseo puede adquirir tal energía e impulso que derriba nuestra inteligencia y conciencia, y finalmente nos doblega. Con nuestra inteligencia y conciencia marginadas, actuamos de forma irracional, cometiendo actos inconcebibles que jamás haríamos. En retrospectiva, podemos considerar tal comportamiento como absurdo, estúpido e insensato.
Imaginemos a un estudiante preparándose para un examen importante. Mientras estudia, le entran ganas de ver un vídeo. Cede a la tentación y ve uno, luego otro y otro más, hasta que esa distracción consume todo su tiempo de estudio. Más tarde, al darse cuenta de las consecuencias, considera que su imprudencia fue una locura.
Todos somos vulnerables a episodios similares de locura; simplemente, nuestros deseos que nos distraen pueden ser diferentes. ¿Cómo podemos protegernos de tal locura? Impidiendo que nuestros deseos mundanos se conviertan en nuestros deseos dominantes. Dado que siempre nos guiamos por nuestros deseos, necesitamos convertir nuestros deseos superiores en nuestros deseos principales.
Al estudiar el Bhagavad-gītā y practicar el bhakti-yoga, obtenemos la convicción intelectual y la purificación devocional necesarias para que el deseo de servir a Kṛṣṇa se convierta en el motor de nuestra vida. Cuando estamos guiados espiritualmente de esta manera, nuestros deseos mundanos no podrán enloquecernos.
De la ira surge la ilusión completa, y de la ilusión, la confusión de la memoria. Cuando la memoria se confunde, se pierde la inteligencia, y al perder la inteligencia, uno cae de nuevo al charco material. - Bhagavad-gītā 2.63




