Bhagavad-gītā 6.45
Podemos pensar en la
devoción como la dulce emoción que sentimos, por ejemplo, al contemplar la
forma de la Deidad de Kṛṣṇa o al escuchar un kīrtana dulce. Esa emoción es maravillosa
cuando aparece, y debemos apreciarla y disfrutarla.
El Bhagavad-gītā (6.43-44)
indica que la atracción espontánea hacia la trascendencia surge de la práctica
espiritual que quizás hayamos realizado en nuestras vidas anteriores. Esta
atracción despierta el intenso sentimiento de felicidad que identificamos con
la devoción. Ese sentimiento de felicidad también puede surgir de nuestra
práctica en la vida actual, de un ambiente espiritualmente poderoso o de la
asociación con personas santas; la misericordia de Kṛṣṇa no puede limitarse a una lista finita de medios a través de los
cuales se manifiesta.
Sin embargo, sea cual sea
el origen de ese sentimiento de felicidad, por sí solo no nos lleva a la
perfección. ¿Por qué no? Porque ese sentimiento es intermitente. Si aspiramos a
progresar espiritualmente, no podemos permitirnos reducir la devoción a una
emoción ocasional e impredecible. Necesitamos verla como una intención
constante de practicar bhakti-yoga, transformando así nuestro corazón,
absorbiéndonos amorosamente en nuestro Señor eterno y haciendo que la emoción
devocional intermitente se vuelva constante. El Gītā recalca la
necesidad de tener la intención consciente de purificarnos mediante la práctica
determinada del yoga (6.45).
Cuando vemos la devoción
como una intención constante de reorientar nuestro corazón, alejándolo del
mundo y dirigiéndolo hacia Kṛṣṇa, nos preparamos para
perseverar con determinación en nuestra práctica de bhakti-yoga, incluso
cuando nos sentimos apáticos espiritualmente o atraídos por los placeres
materiales. Mediante esa práctica inquebrantable, nos abrimos a la misericordia
de Kṛṣṇa, quien es completamente puro, y así nos purificamos de las
contaminaciones que nos distraen de Él. Después, nos sentimos atraídos hacia Él
de manera natural y gozosa, sin que los objetos mundanos nos distraigan.
Así pues, cuando dejamos
de ver la devoción como una emoción que sentimos esporádicamente y comenzamos a
verla como una intención que cultivamos constantemente, aprovechamos plenamente
su poder transformador y disfrutamos de la emoción devocional eternamente y con
éxtasis.
Y cuando el yogī
se esfuerza sinceramente por progresar más y se limpia de todas las
contaminaciones, entonces, finalmente, logrando la perfección después de
muchísimos nacimientos dedicados a la práctica, llega a la meta suprema. - Bhagavad-gītā 6.45




