Cuando el miedo bloquea nuestra conciencia


Bhagavad-gītā 2.23

Empodérate, Nutre tu cuerpo

Supongamos que nos enfrentamos a algún peligro externo que nos abruma con miedo. Que en tales situaciones resuene una señal de alerta en nuestro interior es natural, deseable y esencial: el miedo debe formar parte de nuestra conciencia en esos momentos para que podamos reaccionar adecuadamente. Sin embargo, el problema surge cuando el miedo se convierte no solo en un componente, sino en el único componente de nuestra conciencia. 

Cuando el miedo se apodera de nuestra conciencia, nos convence de que el peligro conducirá a un desastre; y comenzamos a imaginar mentalmente escenarios de pesadilla sobre cómo podría desarrollarse dicho desastre. Con nuestra conciencia paralizada por el miedo, somos incapaces de pensar en estrategias para afrontar el peligro. Incluso si intentamos pensar positivamente, el miedo nos impide hacer algo más que esperar a que el peligro desaparezca por sí solo. 

Si estuviéramos encerrados en una celda, buscaríamos una puerta para liberarnos. De igual modo, cuando nuestra conciencia está paralizada por el miedo, necesitamos buscar una salida, y es el coraje lo que dirige nuestra mirada hacia ella. Fortalecidos por el coraje, cambiamos nuestra pregunta fundamental de "¿Qué podría pasar?" a "¿Qué puedo hacer?". Este cambio de pregunta puede abrir una pequeña brecha para que nuestra conciencia comience a pensar más allá de los diversos escenarios aterradores y encuentre soluciones tangibles. 

Podemos reunir valor más rápidamente si contamos con la sabiduría del Bhagavad-gītā. Esta sabiduría nos recuerda que, en esencia, somos seres espirituales indestructibles; ningún peligro puede siquiera dañar nuestra esencia, y mucho menos destruirla (2.23). Con la confianza que proviene de contemplar nuestra indestructibilidad, podemos concentrarnos en dar pasos, por pequeños que sean, para afrontar la situación. Cuanto más valientes actuemos, más se desbloqueará nuestra consciencia, liberándonos así del efecto paralizante del miedo. 

Resumen: 

Cuando el miedo nos sume en fantasías de pesadilla, el coraje nos permite buscar la puerta a soluciones tangibles. 

Piénsalo bien: 

  • ¿Cómo bloquea el miedo nuestra conciencia? 
  • ¿Cómo puede el coraje desbloquear nuestra conciencia? 
  • ¿Cómo puede la sabiduría del Bhagavad-gītā ayudarnos a reunir valor más rápidamente?

Al alma nunca puede cortarla en pedazos ningún arma, ni puede el fuego quemarla, ni el agua humedecerla, ni el viento marchitarla. - Bhagavad-gītā 2.23

Que recordar mi espiritualidad me libere de la ansiedad


Bhagavad-gītā 2.23

Oración

Bhagavad-gītā 2.23

nainaṁ chindanti śastrāṇi nainaṁ dahati pāvakaḥ na cainaṁ kledayanty āpo na śoṣayati mārutaḥ

“Las armas no pueden partir el alma en dos, el fuego tampoco puede quemarlo ni dejar manchas. El agua no puede mojarlo ni hacerlo pudrir. El viento no puede secarlo ni llevárselo.

Mi querido Señor, muchas son las preocupaciones, los miedos y las ansiedades que me acarreo cada vez que olvido mi identidad y me fijo en cosas que son ajenas a ella.

Mi obsesión con las posesiones y posiciones mundanas me somete a mucho drama emocional, que tarde o temprano termina por infligirme un gran trauma emocional.

Tu declaración de que soy un alma indestructible, inmune a cualquiera de las innumerables cosas que amenazan mi cuerpo y las cosas conectadas con mi cuerpo, es como un elixir curativo.

Bendíceme, Señor, para que estas palabras de sabiduría se conviertan en el ancla que mantenga firme mi conciencia mientras mi cuerpo y todo lo que está conectado a él se ven sometidos a las tormentas de la vida.

Concédeme la inteligencia para comenzar cada día contemplando no solo la indestructibilidad de mi alma, sino también cómo mi alma tiene una relación eterna contigo, el Todo, que eres eternamente infalible.

Solo cuando centro mi atención en la indestructibilidad de mi alma y en Tu infalibilidad puedo vivir sin ser afligido por el miedo en un mundo lleno de dualidades que inducen miedo.

Al alma nunca puede cortarla en pedazos ningún arma, ni puede el fuego quemarla, ni el agua humedecerla, ni el viento marchitarla. - Bhagavad-gītā 2.23

Perspectiva del Bhagavad-gītā sobre la donación de órganos


Bhagavad-gītā 2.22

Perspectivas del Gītā — Preocupaciones humanas

El Bhagavad-gītā y los textos védicos, en general, no ofrecen directrices específicas sobre la donación de órganos. Sin embargo, sí presentan principios universales que pueden aplicarse para comprender mejor este tema. Además, existen ejemplos relevantes en textos sagrados que, si bien no son idénticos, son lo suficientemente similares como para brindar indicaciones útiles.

Principios generales para la toma de decisiones

El Mahābhārata describe tres factores clave para determinar la rectitud de una acción:

  • El contenido de lo que se está haciendo,
  • La intención con la que se hace, y
  • Las consecuencias que resultan cuando se hace.

Cada persona puede priorizar un factor sobre otro. Por ejemplo, algunos se centran más en las consecuencias, mientras que otros dan mayor importancia a la intención. Analicemos estos principios en el contexto de la donación de órganos.


Ejemplos de textos sagrados

Trasplantes de órganos en las Escrituras:
Encontramos ejemplos de trasplantes de órganos en los Puranas. Por ejemplo, cuando Daksha fue decapitado, se le trasplantó la cabeza de un animal sacrificado, devolviéndole la vida. De manera similar, después de que Śiva le cortara la cabeza a Ganesha, se le trasplantó la cabeza de un elefante. Si bien estos casos no involucran seres humanos y carecen de consentimiento, ilustran el concepto de reemplazo de órganos.

Consentimiento e intercambio humano:
Un paralelismo más cercano se encuentra en la historia del rey Yayati, quien fue maldecido a perder su juventud. Les pidió a sus hijos que intercambiaran su juventud por su vejez. La mayoría se negó, pero uno accedió, sacrificando su vitalidad para cumplir los deseos de su padre. Si bien no hubo un trasplante físico de órganos, esto representa un intercambio humano que implica consentimiento. El acto del hijo fue considerado un noble sacrificio.

Estos ejemplos ponen de relieve situaciones que implican consentimiento y altruismo, lo cual concuerda con los principios que sustentan la donación de órganos.

 

Perspectivas conservadoras y liberales

Perspectiva conservadora:
Quienes tienen una mentalidad conservadora pueden argumentar a favor de mantener el orden natural y evitar la interferencia con el curso natural del cuerpo. Pueden expresar su preocupación por el posible mal uso de los órganos donados, lo que podría implicar al donante en el karma de dicho mal uso. Algunos también pueden considerar que el cuerpo debe permanecer intacto para rituales sagrados, como la cremación.

Perspectiva liberal:
Una perspectiva liberal enfatiza la intención de servir. La vida está destinada al servicio, y si nuestros órganos pueden aliviar el sufrimiento de alguien, como devolverle la vista a una persona ciega, esto se alinea con el espíritu de la caridad. Esta visión también sugiere que el apego al cuerpo después de la muerte es innecesario, ya que el alma ha trascendido. El Bhagavad-gītā (2.22) nos recuerda que el cuerpo es como un conjunto de vestimentas que el alma desecha al morir.

Un enfoque equilibrado

En definitiva, ni la tradición ni la institución ofrecen una postura unificada sobre la donación de órganos. Cada persona, guiada por sus mentores e inspiración personal, puede tomar su decisión. Si la donación se realiza con un espíritu sincero de servicio y oración, es improbable que tenga consecuencias negativas. La intención detrás del acto es fundamental, y cualquier mal uso no intencionado del órgano donado escapa al control del donante.

Este enfoque matizado garantiza que la donación de órganos siga siendo una decisión profundamente personal, basada en consideraciones tanto espirituales como prácticas.

Así como una persona se pone ropa nueva y desecha la vieja, así mismo el alma acepta nuevos cuerpos materiales, desechando los viejos e inservibles. - Bhagavad-gītā 2.22

Cada final es también un comienzo

 

Bhagavad-gītā 2.22

Nutre tu ser, Actitud positiva

Cuando algo bueno termina, solemos sentir tristeza y preguntarnos: "¿Por qué tuvo que terminar?". La sabiduría popular nos recuerda que los finales también son comienzos.

Al exponer esta naturaleza dual de las transiciones, el Bhagavad-gītā la ilumina con luz espiritual. Explica que somos almas eternas, partes de Kṛṣṇa, y que estamos en un viaje de evolución espiritual a lo largo de varias vidas, en el que la muerte marca el comienzo de una nueva etapa. Al comparar nuestros cuerpos físicos con vestimentas, (2.22) cambia nuestra perspectiva al contemplar la muerte: nos enfocamos no en el cuerpo viejo que perderemos, sino en el nuevo que adquiriremos. ¿Qué cuerpo obtendremos? Si practicamos bhakti-yoga con diligencia, después de la muerte obtendremos un cuerpo espiritual eterno, o al menos un cuerpo material mejor, propicio para el crecimiento espiritual.

¿Qué ocurre si no hemos practicado bhakti-yoga en esta vida? Aun así, dondequiera que vayamos después de la muerte según nuestro karma, nuestro Señor eterno, en su manifestación inmanente, nos acompañará y nos impulsará a practicar bhakti. Por lo tanto, una nueva oportunidad para escuchar Sus inspiraciones hace que ese comienzo sea también auspicioso.

El principio de que los finales también son comienzos se aplica a las distintas etapas de la vida. Por ejemplo, cuando termina un retiro espiritualmente inspirador, surge la oportunidad de aplicar lo aprendido. Al aprovechar esa oportunidad, experimentamos la plenitud del bhakti. Cuando nos esforzamos por servir a Kṛṣṇa incluso en contextos no espirituales, percibimos cada vez más Su presencia omnipresente. Nos damos cuenta de que Su recuerdo puede enriquecernos no solo en un retiro sereno, sino también en las dificultades de la vida cotidiana.

Al meditar sobre la naturaleza cíclica de la existencia material y la naturaleza perdurable de nuestra conexión devocional con Kṛṣṇa, podemos ver cada final como un comienzo. Y al buscar las oportunidades latentes en la transición, podemos avanzar hacia el disfrute de la suprema felicidad espiritual como parte de sus dichosas manifestaciones.

Así como una persona se pone ropa nueva y desecha la vieja, así mismo el alma acepta nuevos cuerpos materiales, desechando los viejos e inservibles. - Bhagavad-gītā 2.22

Para que nuestra mente madure, necesitamos darnos cuenta de que ya somos adultos


Bhagavad-gītā 2.20

Imaginemos que un adulto estuviera jugando en la tierra con un niño, haciendo lo que le apeteciera. Si fuera ocasional, ese comportamiento frívolo podría resultar divertido; pero si fuera constante, sería un desperdicio.

Nuestra mente es como la de un niño. Y a menudo nos comportamos como el adulto que actúa según los caprichos de la mente infantil. Nuestro crecimiento físico es automático, pero nuestro crecimiento interior no lo es. Por un lado, debemos esforzarnos por crecer; y por otro, simplemente debemos darnos cuenta de que ya somos adultos.

Para comprender esto, repasemos primero los fundamentos del Bhagavad-gītā. En nuestro mundo interior residen tanto la mente como el alma. En esencia, somos almas. Y el alma es eterna, existiendo fuera del tiempo, como indica el Gītā (2.20). El alma, por su propia naturaleza, está destinada a amar y servir a Kṛṣṇa, la actividad más trascendental y gozosa de toda la existencia. Y en su estado puro, el alma posee la sabiduría y la madurez para servir a Kṛṣṇa. Es, pues, como una persona adulta.

Sin embargo, en la actualidad, no nos identificamos como almas; en cambio, nos identificamos erróneamente como criaturas materiales. Al perpetuar esta identificación errónea, la mente nos desvía hacia la búsqueda de cosas mundanas y pasajeras, búsquedas que, desde una perspectiva espiritual, resultan frívolas e infantiles.

Para contrarrestar esa inmadurez, necesitamos comprender nuestra identidad espiritual, donde entendemos que, como almas, ya hemos madurado. El mejor método para lograrlo es el bhakti-yoga, que se centra en enfocar la mente en Kṛṣṇa. Al practicar bhakti con constancia, la mente comprende que la inmersión en Kṛṣṇa es mucho más gratificante que los placeres mundanos que tanto la entusiasman. Así, sus intereses se desvían de los objetos mundanos hacia Kṛṣṇa, lo que indica su madurez.

Para el alma no existe el nacimiento ni la muerte en ningún momento. Ella no ha llegado a ser, no llega a ser y no llegará a ser. El alma es innaciente, eterna, permanente y primordial. No se la mata cuando se mata el cuerpo. - Bhagavad-gītā 2.20