na hi
jñānena sadṛśaṁ
pavitram iha vidyate
tat svayaṁ
yoga-saṁsiddhaḥ
kālenātmani vindati
«Nada es tan
puro como la luz de la sabiduría;
limpia el alma y aclara la visión.
Mediante el yoga perfeccionado, con el tiempo uno percibe
la verdad revelada y la saborea con facilidad.»
Mi querido
Señor, la potencia suprema de la sabiduría no consiste solamente en actuar como
un fuego que destruye mi ignorancia o como un barco que me lleva a través del
océano de la existencia material. En última instancia, la sabiduría tiene como
propósito ponerme en contacto con la dicha que reside dentro de mí, en lo más
profundo de mi ser.
Después de
todo, mi Señor, eres Tú quien está presente eternamente en mi núcleo más
íntimo. Y la sabiduría culmina en reconocer Tu presencia interior y Tu
benevolencia universal. Bendíceme, oh Señor, para practicar diligentemente el yoga
que permite realizar la sabiduría.
La luz de la
sabiduría, mi Señor, revela todo; no en el sentido de hacerme omnisciente, sino
en el sentido de ayudarme a ver cómo Tú, mi Señor omnipotente y omnisciente,
siempre estás guiando y organizando mi vida para mi bienestar supremo.
Por favor, oh
Señor, hasta que alcance ese estado —hasta que la luz de la sabiduría revele Tu
amor inagotable— guíame a través de la noche oscura del alma. Ayúdame, mi
Señor, a aferrarme a Ti incluso en esos momentos de prueba en los que no veo ni
siento que Tú estás sosteniéndome.
Por favor, oh
Señor, ayúdame a comprender que permanecer fiel a mi fe durante esos momentos
me acercará más rápidamente a Ti. Que esa verdad me inspire a aferrarme
firmemente a Ti, mi Señor, siempre.
En este mundo no hay nada tan sublime y puro como el conocimiento trascendental. Dicho conocimiento es el fruto maduro de todo misticismo, y aquel que se ha vuelto experto en la práctica del servicio devocional disfruta de ese conocimiento internamente, a su debido tiempo. - Bhagavad-gītā 4.38




