Bhagavad-gītā 2.9
Nuestra mente a menudo nos lleva a los extremos en todo lo que hacemos, incluso en la actividad básica de pensar. A veces, nos vuelve impulsivos, por lo que actuamos sin pensar, incluso de forma autodestructiva. O, yendo al extremo opuesto, nos atrapa en un círculo vicioso dentro de nuestra cabeza, donde nos angustiamos indecisos ante diversas eventualidades, como hizo Arjuna al comienzo del Bhagavad-gītā.
Ante la inminente guerra fratricida, la mente de Arjuna se desbordó. Con su imaginación, impulsada por una lectura selectiva de las enseñanzas de las Escrituras, previó una destrucción distópica de dinastías enteras (1.39-42) e incluso su propia condena al infierno por tiempo incontable (1.43). Y esta imaginación hiperactiva lo paralizó: dejó a un lado su arco (1.46), confesó su confusión (2.6) y se negó a luchar (2.9).
¿Cómo llegó un guerrero poderoso a volverse tan impotente? Por pensar demasiado. Sin duda, su reflexión sobre las consecuencias de la guerra fue loable. Pero dicha reflexión ya se había realizado antes de la guerra, como se narra en la sección anterior del Mahābhārata (Udyoga-Parva). Dado que los crueles Kauravas habían rechazado con arrogancia todos los esfuerzos de paz, el momento exigía una acción decisiva, no vacilaciones.
Arjuna superó la excesiva reflexión recurriendo a Kṛṣṇa. Así surgió el Bhagavad-gītā, una guía atemporal para la acción reflexiva.
¿Cómo podemos saber si estamos pensando demasiado? Primero, nuestro pensamiento empieza a hacer las cosas más confusas, no más claras. Segundo, nuestro pensamiento nos disuade de cualquier acción práctica.
Cuando un bucle mental nos paraliza, necesitamos liberarnos de la tensión mental buscando la guía de un mentor espiritual confiable y versado en la sabiduría del Bhagavad-gītā. Además, podemos desahogarnos en un diario. Una vez que esta descarga haya calmado parcialmente la mente, podemos evaluar esos pensamientos a la luz de la sabiduría del Bhagavad-gītā.
Guiados así por el Bhagavad-gītā, podemos evitar los extremos de la acción irreflexiva y la inacción excesiva, eligiendo así una acción que sea a la vez prudente y potente.
Sañjaya dijo: Habiendo hablado así, Arjuna, el castigador de los enemigos, le dijo a Kṛṣṇa “Govinda, no pelearé”, y enmudeció. - Bhagavad-gītā 2.9




