La adicción nos hace desear cosas que ni siquiera nos gustan

Bhagavad-gītā 3.36

Los drogadictos en recuperación a menudo afirman que recaen en el consumo excesivo no porque quieran drogarse, sino simplemente porque quieren sentirse normales.

Comprenden que la droga les trae muchos más problemas que placer. Tras haber experimentado repetidamente cómo les hace cometer actos terribles, han llegado a un punto en el que ni siquiera les gusta mucho.

Pero aun así sienten un deseo casi irresistible. Ese deseo no proviene únicamente de los síntomas físicos de la abstinencia, sino también de los tormentos psicológicos que sufren. El Bhagavad-gītā (16.11) indica que los deseos actúan como grilletes. La indulgencia repetida crea grilletes casi irrompibles entre los drogadictos y la droga. La tensión de esos grilletes internos es tan dolorosa que resulta insoportable. Por lo tanto, terminan deseando aquello que ni siquiera les gusta.

El tormento que los adictos sienten en extremo debido a su adicción, todos lo sentimos en cierta medida debido a nuestros apegos. En el Bhagavad-gītā (3.36), Arjuna se hace eco de este sentimiento cuando pregunta: ¿Qué nos impulsa a pecar incluso cuando no queremos hacerlo?

El Bhagavad-gītā identifica el deseo egoísta, encarnado en la lujuria, como el culpable (3.37). Tras explicar cómo actúa este deseo y cómo podemos contrarrestarlo (3.37-42), recomienda (3.43) superarlo sumergiéndonos conscientemente en la realidad espiritual. El bhakti-yoga ofrece el camino más sencillo hacia esta inmersión, pues proporciona acceso rápido a la fuente de todo placer, Kṛṣṇa, que es la fuente de todo atractivo.

Mediante la práctica regular del bhakti, nuestros reflejos intelectuales y devocionales se fortalecen y agudizan. Con estos reflejos entrenados, cuando los deseos inferiores nos atormentan, buscamos alivio no en nuestros apegos, sino en Kṛṣṇa. Gracias a la seguridad y serenidad que nos brinda esta absorción, podemos poner fin a la tragedia de anhelar aquello que ni siquiera nos agrada.

Arjuna dijo: ¡Oh, descendiente de Vṛṣṇi!, ¿qué es lo que lo impele a uno a los actos pecaminosos, aun involuntariamente, como si se lo obligara a la fuerza? - Bhagavad-gītā 3.36

 

Deja que la conciencia del peligro interior me impulse hacia Tu refugio

Bhagavad-gītā 3.36

Oración

Bhagavad-gita 3.36

arjuna uvāca atha kena prayukto 'yaṁ pāpaṁ carati pūruṣaḥ anicchann api vārṣṇeya balād iva niyojitaḥ 

“Arjuna dijo: ¿Cuál es esta fuerza que nos impulsa así, ¿nos está incitando al pecado y al sufrimiento? Aun sin quererlo, nos desviamos del camino, como si hubiéramos sido apresados ​​por un poder que escapa a nuestro control.

Señor misericordioso, son muchos los momentos de mi vida en los que me veo obligado a reconocer que existe una fuerza superior a mí —poderosa y malévola— que toma el control de mi existencia. Me impulsa a actuar de maneras que no solo son diferentes, sino también, a menudo, totalmente contradictorias con los valores que considero sagrados. Hay momentos en que actúo como si no me importaras: Tu existencia, Tu voluntad, Tu placer.

Aunque niegue la existencia y la grandeza de Tu divinidad, no puedo negar la existencia y la malevolencia de esta fuerza destructiva. De hecho, casi a diario, y a veces varias veces en un mismo día, mis propias acciones son prueba de la presencia y el poder de este poderoso enemigo. Por favor, Señor, bendíceme para que pueda ser más consciente de este peligro invisible. Que la necesidad de sobrevivir y protegerme me impulse a ser cada vez más consciente de Ti, que eres mi único protector supremo contra este peligro interior.

Arjuna dijo: ¡Oh, descendiente de Vṛṣṇi!, ¿qué es lo que lo impele a uno a los actos pecaminosos, aun involuntariamente, como si se lo obligara a la fuerza? - Bhagavad-gītā 3.36

 

Por qué podemos ofrecer orientación sin respetar la independencia


Bhagavad-gītā 3.35

Madurez emocional, Cultiva tus relaciones

Por qué podemos brindar orientación sin respetar la independencia: cada vez que ofrecemos orientación, actuamos en base a nuestras concepciones implícitas sobre lo que se supone que debe hacer la orientación. Por ejemplo, podemos vernos a nosotros mismos como alfareros y a nuestros pupilos como arcilla para ser moldeada.

Sin embargo, la metáfora de la arcilla presupone que esta carece de forma inherente; moldearla depende enteramente del alfarero. Al emplear esta metáfora, tendemos a proyectar nuestros propios sueños en nuestros hijos. Por ejemplo, unos padres médicos pueden desear que sus hijos también lo sean. Incluso pueden brindarles excelentes recursos para estudiar medicina, recursos que ellos mismos nunca tuvieron. Sin embargo, pueden descubrir que sus hijos se sienten desagradecidos, incluso resentidos. 

Para guiar con mayor eficacia, necesitamos revisar nuestra metáfora operativa y vernos más como jardineros que como alfareros. Las semillas necesitan ser protegidas y cuidadas con esmero, pero no se pueden moldear indefinidamente; las semillas de loto jamás darán rosas. 

La metáfora de la semilla transmite que todos poseemos una naturaleza innata con su correspondiente conjunto de talentos, intereses y orientaciones. Es importante destacar que el Bhagavad-gītā (3.35) subraya que todos nacemos con una naturaleza psicofísica. Si bien este verso del Gītā nos insta a no ir en contra de nuestra naturaleza, el principio subyacente también se aplica a la hora de guiar a los demás. 

La metáfora de la jardinería resulta especialmente útil cuando nuestros pupilos no valoran nuestra guía. ¿Cómo? Cambiando nuestra respuesta habitual: en lugar de preguntar "¿Por qué te portas tan mal?", preguntamos "¿En qué se diferencian de la imagen que tengo de ellos?". En vez de insistir en brindarles una guía que reprime su individualidad y los aísla emocionalmente, aprendemos a actuar con un sano respeto por su necesidad de individualidad e independencia. 

Resumen en una frase:

Si vemos a los demás como arcilla que hay que moldear, sobrevaloramos el papel de nuestra guía: apreciar su individualidad e independencia, verlos como semillas que hay que cultivar. 

Piénsalo bien:

  • ¿Qué tiene de malo la metáfora de la arcilla para dar orientación?
  • ¿Qué transmite la metáfora de la jardinería?
  • Antes de ofrecer orientación la próxima vez, examine qué metáfora está utilizando. 

Es muchísimo mejor desempeñar los deberes de uno, aunque tengan sus imperfecciones, que desempeñar los deberes de otro a la perfección. Es preferible encontrar la destrucción mientras uno ejecuta su propio deber, que el dedicarse a los deberes ajenos, ya que es peligroso seguir el sendero de otro. - Bhagavad-gītā 3.35

Todos jugamos en superficies diferentes; no te compares


Bhagavad-gītā 3.35

Supongamos que dos bateadores juegan en dos partidos diferentes, en dos canchas distintas: una ideal para bateadores y la otra una pesadilla. Un medio siglo en una cancha difícil podría ser más creíble que un doble siglo en una cancha fácil. Su desempeño debe evaluarse no mediante una comparación directa, sino considerando lo que era realista en su cancha y lo que lograron en comparación con eso.

Todos jugamos en terrenos diferentes, y nuestro propio mecanismo cuerpo-mente constituye nuestro terreno. Por consiguiente, somos buenos en algunas cosas, promedio en otras y deficientes en otras. Este espectro de habilidades varía de persona a persona. El Bhagavad-gitaEl Bhagavad-gītā (3.35) afirma que todos tenemos nuestra naturaleza y debemos contribuir de acuerdo con ella. Esto requiere que nos enfoquemos en comprender nuestras propias fortalezas y aprovecharlas al máximo en cada situación. Si, en cambio, nos comparamos con los demás, nos sentimos superiores si somos mejores que ellos o inferiores si ellos lo son.

Por supuesto, el mundo puede no reconocer que nuestro terreno de juego es diferente al de los demás. Por lo tanto, puede someternos a comparaciones desfavorables o injustas. Para evitar que estas comparaciones nos desmoralicen, debemos centrarnos no en cómo nos ve el mundo, sino en cómo nos ve Krsna.Kṛṣṇa. Él ve dónde estamos, adónde podemos llegar y cuánto nos esforzamos por lograrlo.

Cuando apartamos la mirada del mundo y la fijamos en nosotros mismos, tal como somos en nuestra relación con el Señor, pasamos de la inseguridad mundana a la seguridad espiritual. Con esta autoconfianza, podemos valorar la oportunidad de aportar nuestra singularidad a nuestras situaciones particulares, maximizando así nuestras contribuciones únicas.

Es muchísimo mejor desempeñar los deberes de uno, aunque tengan sus imperfecciones, que desempeñar los deberes de otro a la perfección. Es preferible encontrar la destrucción mientras uno ejecuta su propio deber, que el dedicarse a los deberes ajenos, ya que es peligroso seguir el sendero de otro. - Bhagavad-gītā 3.35

La aversión es una tentación tan grande como el apego


Bhagavad-gītā 3.34

En el camino espiritual, comprendemos que los apegos son tentaciones. Cuando estamos demasiado apegados a alguien, pensamos constantemente en esa persona y, por lo tanto, no estamos disponibles emocionalmente para pensar en Kṛṣṇa.

Sin embargo, resulta significativo que ese mismo efecto de indisponibilidad emocional hacia Kṛṣṇa se produzca cuando sentimos la emoción opuesta al apego: la aversión. Cuando experimentamos emociones negativas intensas, como resentimiento, odio y venganza hacia alguien, nos absorbemos emocionalmente por esa persona. Sin darnos cuenta, le entregamos tanta o incluso más energía emocional que a alguien a quien estamos apegados.

Normalmente, pensamos en la tentación como algo que nos distrae con placer. Como la aversión nos llena de negatividad y sufrimiento, no la identificamos fácilmente como una tentación. Pero, en esencia, todo lo que nos aleja de Kṛṣṇa es una tentación. Por eso, la aversión es tan tentadora como el apego.

Es pertinente señalar que el Bhagavad-gītā (3.34) advierte que tanto el apego como la aversión son obstáculos en el camino del crecimiento espiritual. La sabiduría del Gītā explica que, en esencia, somos almas que formamos parte eternamente de Kṛṣṇa. Durante nuestro viaje vital, nos encontramos, a causa de nuestro karma pasado, con diferentes tipos de personas. Algunas provocan apego; otras, aversión. A pesar de todo, el propósito último de nuestra vida permanece inmutable: conectar con Kṛṣṇa y, en ello, experimentar el amor eterno.

Sin duda, algunas personas pueden causarnos problemas excesivos, y debemos actuar en consecuencia. Sin embargo, al hacerlo, no debemos permitir que dominen nuestra mente. Para evitar que la aversión nos consuma, debemos recordar el propósito principal de nuestra vida: crecer hacia Kṛṣṇa. Con la mirada fija en la divinidad, podemos hacer lo necesario para lidiar con la persona problemática mientras continuamos nuestra vida de contribución constructiva al servicio de Kṛṣṇa.

Existen principios para regular el apego y la aversión relacionados con los sentidos y sus objetos. Uno no debe quedar bajo el control de ese apego y esa aversión, pues ambos son obstáculos en el sendero de la autorrealización. - Bhagavad-gītā 3.34