Jesús, ¿era vegetariano?


Jesús ¿era vegetariano?

Por Bruno Passarelli


Su teoría es controvertida. Según el padre Mario Canciani -párroco de la iglesia romana San Juan de los Fiorentinos-, Jesús y los apóstoles eran vegetarianos y, por los tanto, no comieron el cordero pascual como dice la tradición. ¿Por qué la historia dice otra cosa? ¿Cómo se llegó a esa conclusión?

San Juan de los Fiorentinos es una iglesia romana de los tiempos del Renacimiento ubicada a pocos centenares de metros del Vaticano, en una callejuela lateral al río Tíber, en el centro histórico de Roma. Su nombre no es casual, hace cinco o seis siglos, allí vivía la colonia de florentinos.

Su párroco es el padre Mario Canciani, un romano sesentón, afable y conservador, quien termina de editar un libro que ha causado considerable revuelo, se trata de En el Arca de Noé, donde asegura que Jesús y los apóstoles eran vegetarianos y no comieron el cordero pascual. Pero ya sus fieles sabían que el padre Canciani no es un sacerdote convencional. Admite la presencia de animales mientras oficia misa, algo prohibido desde la promulgación del Edicto de Carlomagno, en la Edad Media. Obviamente, un veto más débil que el enorme amor del sacerdote por los animales, que exterioriza con el cuidado infinito que prodiga a los cuatro gatos que cría en la parroquia.

–¿Cómo nació este amor suyo por los animales?

–Me enteré que las naciones donde los animales son menos respetados y más perseguidos son las cristianas de la Europa mediterránea y de América Latina. También tomé nota de que los sacrificios de animales que se efectúan durante las fiestas religiosas en la catolicísima España no sólo no son condenados, sino incluso patrocinados por confraternidades y párrocos, sin que las autoridades diocesanas hagan nada por ello. Después me pregunté: ¿Por qué tanto desinterés e indiferencia, también en Italia, ante la suerte de los animales, en especial modo sobre la muerte lenta y dolorosa de los corderos que cinco veces durante la Santa Misa son evocados para simbolizar al Hijo de Dios? Subyaciendo todo esto, está el silencio absoluto de parte de la catequesis sobre el comportamiento que los cristianos deberían tener frente a los animales.

–Habrá incursionado en la historia de la religión Católica y especialmente en los textos bíblicos...

–es, y el resultado fue ese libro donde documento algo que muchos consideran revolucionaria, que Jesús no comió el cordero pascual y que la primera Iglesia cristiana era, sustancialmente, partidaria del vegetarianismo. Una elección que compartían Jesús y sus discípulos. El precepto de no comer carne el viernes no es sólo una invitación a la penitencia, sino al residuo de aquella antigua costumbre...

–¿Cómo prueba usted que Jesús no comió el cordero en la Cena del Jueves Santo?

–La mayoría de los exégetas del Nuevo Testamento tanto católicos como protestantes, sostienen que no es posible hoy, desde un punto de vista histórico, establecer si el banquete de adiós de Jesús se produjo o no en el medio de una celebración pascual. Sólo una minoría se inclina decididamente por dar un carácter estrictamente pascual a la celebración de la Última Cena. Esta discrepancia viene desde la Iglesia antigua y deriva de las diferentes indicaciones que dan Juan y los Evangelios Sinópticos. Según Juan, la fiesta de Pascua no coincide con el día de la Última Cena sino con el siguiente...

–O sea, en el preciso momento en que, no lejos del Gólgota, se está produciendo el sacrificio de por lo menos 50.000 corderos exterminados en el templo para ser llevados a las casas.

–Exactamente. En cambio, los Sinópticos dicen algo distinto y deriva del hecho que en Jerusalén la Pascua era celebrada según dos diferentes calendarios, el tradicional ligado al ciclo solar y el de los esenios, ligado al ciclo lunar.

–¿Quiénes eran los esenios?

–Se trata de una secta de antiguos judíos, que practicaba la comunidad de bienes y tenía gran sencillez y humildad en sus costumbres. Además, se oponían a los sacrificios de animales, lo que los había alejado de Jerusalén. Ahora bien, los hechos que cuenta Marcos, Mateo y Lucas se desarrollaron según el ciclo lunar.

–¿Eran vegetarianos estos esenios?

–En efecto, no sólo no sacrificaban animales sino que, gracias a la dieta vegetariana que practicaban, eran muy longevos y muchos de ellos superaban los 100 años de edad, debido a la vida simple y sana que hacían.

–¿Qué rol tienen los esenios en la fundamentación de su teoría?

–Recientes excavaciones sobre el monte Sión efectuadas por el padre Bargil Pixner han demostrado que la zona del Cenáculo pertenecía a los esenios quienes ponían las salas a disposición de los huéspedes. La cena de ellos prohibía rigurosamente la carne, que estaba también excluida de la celebración pascual. Cuando los hebreos comen el cordero pascual, Jesús yace ya en la tumba y en su cuerpo no hay traza alguna del cordero ritual. Y cuando resucita, tiene junto a sí a un cordero, que no es el que Él habría comido la noche de la Cena. Quien describe esta escena es Jaime, primo de Señor, quien será jefe de la comunidad de Jerusalén por 25 años...

–¿Qué otras pruebas dan sustento a los que usted sostiene?

–San Girolamo escribe: “Después de la venida de Cristo no nos está permitido comer carne”. Y Jesús, que celebró la Última Cena en una casa de esenios, fue el máximo ejemplo de una misericordia infinita. Repetidamente, en sus predicaciones, había dicho que Dios no quiere sacrificios cruentos. Tengamos en cuenta que Juan y Pablo escribieron que Jesús había sustituido el sacrificio y el alimento cruento por los incruentos. Si hubiera tenido una posición contraria; sería inferior a Buda (quien pide “daya”; compasión, también por los animales), a Krishna y al mismísimo San Francisco de Asís.

–¿Y la Biblia qué dice al respecto?

–La primera ley divino-natural se refiere al alimento específico de los hombres y de los animales. Estos últimos no han sido creados como alimento de nadie: los hombres deben comer frutos, hierbas, cereales, como afirma el Génesis. Y San Girolamo, en un libro poco conocido pero que es uno de los más importantes de la Patrística llamado Contra Iovinianum, sostiene que el permiso dado después a Noé para que pudiera comer la carne es una interpolación en el texto sagrado, agregado tardíamente en una época de escasa religiosidad...

–¿Son mencionados los esenios en el Nuevo Testamento?

–No, porque se han vuelto cristianos bajo el nombre ebionitas, o sea pobres, un término que se encuentra repetido 12 veces en el Nuevo Testamento, y de “nazoreis”, que aparece 6 veces. San Epifanio escribe que en ambos casos se trata de términos que quieren decir “vegetarianos”. Lo eran Pedros, Jaime, Juan y Esteban...

–¿Hay otros testimonios que refuercen los que usted citó?

–Plinio el joven, en el año 112, escribe una famosa carta al emperador Adriano y le dice: “El Medio Oriente se ha convertido de tal manera que los ricos, los latifundistas, pierden su poder, porque los cristianos se nutren de alimentos inocuos”. Y Porfirio, quien vivió a fines del siglo III y era según San Agustín el más grande de los filósofos, escribió un libro en el que afirma que Jesús había declarado la alimentación carnívora como la alimentación de los demonios...

–¿Cómo se explica, entonces, que los cristianos hayan empezado a comer carne?

–Históricamente, cuando en las iglesias los ricos usurpan el poder, empiezan a perseguir a los verdaderos discípulos de Jesús y a sus libros, declarándolos heréticos. En el año 314 hubo también un Concilio en Angora que suspendió a todos los clérigos y los diáconos de sus funciones si no demostraban que comían carne. Se había ido consolidando en la nueva Iglesia la posición opuesta, que se hizo doctrina en dicho Concilio: “No querer comer carne, ni siquiera escondida entre las legumbres, es un ultraje al Creador que nos ha dado los animales para que los comiésemos”. Eregida esta concepción a nivel de teoría oficial, hubo también persecuciones contra los vegetarianos. El primer mártir fue Prisciliano, decapitado con otros. Pero lo importante es que, desde el siglo IV en adelante, la exhortación del Libro del Apocalipsis de no comer la carne de los animales muertos “en nombre de Dios” será letra muerta...

–¿Y cuál es la orientación actual de la Iglesia, en su doctrina, frente a los animales?

–El Papa Juan Pablo II en su encíclica “Sollicitudo rei socialis” de 1988 ha instado a los teólogos a estudiar una nueva relación entre el hombre y los animales. Y más recientemente, en un discurso del 10 de enero de 1990, llevó la felicidad a los animalistas, creyentes o no, recordándoles la enseñanza bíblica: “No sólo en el hombre, sino también en los animales se encuentra el soplo divino”. O sea que el creyente, con una renovada responsabilidad, tiene la obligación de considerar con toda seriedad a la Creación, cuidando todo aquello que Dios le ha entregado como don. Y esto es lo que son los animales: dones del Dios Creador.

De una traducción que Edmond S. Bordeaux que realizo de los textos aramaicos del "Evangelio de la Paz" o "Evangelio de Salud" encontrados en Qunram. Jesús dice: “El Padre Celestial ha dicho: Os doy toda clase de hierba que crece en el campo, todas las legumbres y verduras que producen vuestros huertos y también toda fruta de vuestras arboledas, para que os sirvan de alimentos; además, la leche de vuestros animales y todos sus subproductos y derivados. Pero respetaréis la vida de esos animales, no los mataréis, ni comeréis sus carnes ni su sangre, pues, así no quebrantaréis la suprema Ley de No Matarás. (…) Pero el que mate un animal, aunque éste no lo ataque y sólo por el placer de matar, o por la carne, su piel o sus colmillos, éste sí que quebranta la Suprema Ley de No Matarás”.

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3 comentarios:

  1. TODO ESTO ME PERECE REALMENTE LOGICO,Y MUY REAL; UN EXELENTE ARTICULO. SALUDOS

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  2. Lo único que falta es saber dónde se puede comprr el libro, lo he buscado por toda la web y nada.

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    1. Enrique Blanco Cerda (Caitanyadeva das)12/21/2019 4:42 a. m.

      Le recomiendo la lectura del librito publicado acá, con el nombre de "Evangelio de la salud de San Juan". Encontrará el enlace al final de esta publicación.

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