No intentes ser demasiado bueno para tu propio bien

Bhagavad-gītā 18.48

A veces podemos caer en un idealismo poco práctico: «Jamás haré nada malo en mi vida». Esta aspiración es buena, pero debe matizarse con la conciencia de la complejidad de la realidad. Un aspecto de esta complejidad es el reconocimiento pragmático de que el exceso de algo bueno puede no ser tan bueno.

Este pragmatismo se manifiesta en el Bhagavad-gītā. Al comienzo, Arjuna expresa su deseo de actuar con no violencia. El anhelo de evitar la violencia innecesaria es, sin duda, loable; y los propios Pāṇḍavas se habían esforzado incansablemente por la paz, ofreciendo a los atroces Kauravas un acuerdo en los términos más favorables.

Pero los guardianes de la sociedad tienen una responsabilidad mayor que la de simplemente practicar la no violencia; deben mantener la ley y el orden. Para ello, necesitan disciplinar a los delincuentes, e incluso recurrir a la violencia cuando todo lo demás falla. Cuando se requiere una acción contundente, priorizar la no violencia puede ser peligrosamente contraproducente. Tal pusilanimidad entre los agentes del orden envalentonará a los infractores, quienes sembrarán el caos en la sociedad. Por eso, en tales momentos, la violencia, normalmente indeseable, puede volverse indispensable.

El Bhagavad-gītā nos advierte sobre caer en la trampa del idealismo irrealizable. En el verso 18.48 se declara que todo esfuerzo está plagado de defectos, al igual que el fuego está cubierto de humo. Quienes se oponen irracionalmente al humo no pueden aprovechar el potencial del fuego. De igual modo, quienes se oponen irracionalmente a los defectos inevitables inherentes a ciertas vocaciones no pueden aprovechar el potencial de dicha vocación ni siquiera cumplir con las responsabilidades que conlleva.

Al reconocer con un realismo implacable que este mundo imperfecto que habitamos no es lugar para el idealismo utópico, podemos evitar caer en el exceso de rectitud. Es decir, podemos evitar que una devoción desproporcionada a una sola virtud nos impida cumplir con el propósito de la virtud: nuestro crecimiento integral y el de los demás.

A todo esfuerzo lo cubre algún tipo de defecto, tal como al fuego lo cubre el humo. Por consiguiente, uno no debe abandonar el trabajo que nace de su naturaleza, ¡oh, hijo de Kuntī!, ni siquiera si el mismo está plagado de defectos]. - Bhagavad-gītā 18.48

 

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