Bhagavad-gītā 1.30
La ambientación del carruaje en el Bhagavad-gītā simboliza su universalidad. El tema de un guerrero en un carruaje, asesorado por el auriga, evoca una conocida metáfora upanishádica que compara el cuerpo con un carro. En esta comparación visualmente evocadora, los caballos se equiparan a los sentidos; las riendas, a la mente; el auriga, a la inteligencia; el pasajero, al alma.
Para que un carro cumpla su función de llevar al pasajero al destino deseado, el auriga debe ser hábil y lo suficientemente fuerte como para controlar y dirigir a los caballos. De igual manera, para alcanzar nuestras metas, nuestra inteligencia debe ser lo suficientemente fuerte como para controlar nuestros sentidos. Pero nuestro problema es doble: nuestra inteligencia no es lo suficientemente fuerte y nuestra comprensión de qué objetivos valen la pena no es lo suficientemente clara.
El contexto del Bhagavad-gītā muestra una situación en la que la inteligencia de Arjuna estaba desconcertada; previó el desastre en cada posible curso de acción (1.30). Tras escuchar el Bhagavad-gītā (18.73), Arjuna, a pesar de ser un guerrero, accedió a obedecer las órdenes de su auriga; comprendió que este era Dios, la inteligencia suprema y la fuente de toda inteligencia.
Para aplicar el mensaje esencial del Bhagavad-gītā, tal como se demuestra a través de su contexto temático, podemos confiar las riendas de nuestro camino a Kṛṣṇa. Es decir, podemos dotar nuestra inteligencia de la inteligencia divina manifestada en las palabras de Kṛṣṇa del Bhagavad-gītā. Mediante el estudio regular del Bhagavad-gītā, al absorber su visión del mundo y dejar que guíe nuestra vida e incluso nuestro pensamiento, nuestras percepciones y decisiones serán moldeadas y guiadas gradualmente por la inteligencia de Kṛṣṇa. Con Él al timón de nuestro camino, encontraremos nuestro camino incluso en medio de perplejidades abrumadoras, pues Él nos dará la inteligencia para afrontar y crecer ante cualquier adversidad que la vida nos presente.
Con la destrucción de la dinastía, se destruye la tradición familiar eterna, y, con ello, el resto de la familia se entrega a la irreligión. - Bhagavad-gītā 1.30

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