Bhagavad-gītā 2.20
Imaginemos que un adulto estuviera jugando en la tierra con un niño, haciendo lo que le apeteciera. Si fuera ocasional, ese comportamiento frívolo podría resultar divertido; pero si fuera constante, sería un desperdicio.
Nuestra mente es como la de un niño. Y a menudo nos comportamos como el adulto que actúa según los caprichos de la mente infantil. Nuestro crecimiento físico es automático, pero nuestro crecimiento interior no lo es. Por un lado, debemos esforzarnos por crecer; y por otro, simplemente debemos darnos cuenta de que ya somos adultos.
Para comprender esto, repasemos primero los fundamentos del Bhagavad-gītā. En nuestro mundo interior residen tanto la mente como el alma. En esencia, somos almas. Y el alma es eterna, existiendo fuera del tiempo, como indica el Gītā (2.20). El alma, por su propia naturaleza, está destinada a amar y servir a Kṛṣṇa, la actividad más trascendental y gozosa de toda la existencia. Y en su estado puro, el alma posee la sabiduría y la madurez para servir a Kṛṣṇa. Es, pues, como una persona adulta.
Sin embargo, en la actualidad, no nos identificamos como almas; en cambio, nos identificamos erróneamente como criaturas materiales. Al perpetuar esta identificación errónea, la mente nos desvía hacia la búsqueda de cosas mundanas y pasajeras, búsquedas que, desde una perspectiva espiritual, resultan frívolas e infantiles.
Para contrarrestar esa inmadurez, necesitamos comprender nuestra identidad espiritual, donde entendemos que, como almas, ya hemos madurado. El mejor método para lograrlo es el bhakti-yoga, que se centra en enfocar la mente en Kṛṣṇa. Al practicar bhakti con constancia, la mente comprende que la inmersión en Kṛṣṇa es mucho más gratificante que los placeres mundanos que tanto la entusiasman. Así, sus intereses se desvían de los objetos mundanos hacia Kṛṣṇa, lo que indica su madurez.
Para el alma no existe el nacimiento ni la muerte en ningún momento. Ella no ha llegado a ser, no llega a ser y no llegará a ser. El alma es innaciente, eterna, permanente y primordial. No se la mata cuando se mata el cuerpo. - Bhagavad-gītā 2.20

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