Bhagavad-gītā 2.47
El hecho de que no podamos solucionar todos los problemas del mundo no significa que no debamos intentar solucionar ninguno de ellos. Tampoco debemos sentirnos insatisfechos si solo logramos solucionar una pequeña parte de estos problemas.
Tarde o temprano, todos nos enfrentamos a situaciones en las que nos damos cuenta de lo mal que está el mundo. A veces, esta comprensión llega en la juventud, o incluso antes, en la infancia, cuando quizás soñábamos —y tal vez teníamos la motivación— de arreglar el mundo, resolver sus problemas y transformarlo en un paraíso. A medida que crecemos y adquirimos más experiencia, vemos cuántas cosas están mal y a cuántos niveles, y cuán limitadas son nuestras capacidades para solucionar incluso los problemas más pequeños. Esto puede llevarnos a sentirnos abrumados.
Podemos llegar a enojarnos tanto que la ira acabe convirtiéndose en cinismo. En ese estado, no solo evitamos intentar solucionar los problemas por nuestra cuenta, sino que también minimizamos, desalentamos e incluso ridiculizamos a quienes se esfuerzan por resolverlos. Nos volvemos tímidos y temerosos, creyendo que el mundo está en nuestra contra, y por eso nos encerramos en nosotros mismos para evitar ser blanco de los numerosos problemas del mundo.
El Bhagavad-gītā señala estas tres mentalidades principales: el apego a ser quienes solucionan los problemas del mundo; el temor a que estos problemas nos abrumen y nos destruyan o devoren; y la ira que conduce al cinismo, donde creemos que ni nosotros ni nadie más puede marcar la diferencia. Estas tres actitudes son perjudiciales, si no destructivas, tanto para nuestra salud mental —nuestra capacidad de mantener nuestros corazones libres de amargura— como para nuestra salud espiritual, que afecta nuestra capacidad de percibir y buscar la realidad espiritual suprema, la Divinidad omnipotente, Kṛṣṇa.
Cuando nos centramos en Kṛṣṇa, comprendemos que Él vela por el mundo, incluso cuando parece un caos absoluto, y que tiene un plan. El mundo puede parecer incomprensible ahora, pero Él no solo tiene un plan para el mundo, sino también un plan para nosotros dentro de Su gran designio. Para cumplir con nuestro papel, debemos centrarnos menos en el rol que se nos ha asignado y más en el plan general del que formamos parte.
Cuando centramos nuestra atención en Kṛṣṇa con devoción y servicio, estamos mejor preparados para superar las actitudes negativas de apego, miedo e ira hacia el mundo. Este enfoque divino nos otorga gradualmente pureza, claridad y energía, capacitándonos para cumplir con nuestro papel.
La pureza nos ayuda a centrarnos en el servicio, en lugar de en satisfacer el deseo de nuestro ego de ser el salvador del mundo.
La claridad nos permite identificar nuestras fortalezas y comprender qué aspectos del mundo pueden verse impactados positivamente por las fortalezas que Kṛṣṇa nos ha otorgado.
La energía nos permite tomar medidas con determinación para hacer todo lo que esté a nuestro alcance, sin obsesionarnos con la magnitud de nuestras acciones, sean grandes o pequeñas.
Con esta combinación de pureza, claridad y energía, comprendemos mejor lo que significa desempeñar nuestro papel.
Tú tienes derecho a desempeñar tu deber prescrito, mas no a los frutos de la acción. Nunca consideres que eres la causa de los resultados de tus actividades, y jamás te apegues a no cumplir con tu deber. - Bhagavad-gītā 2.47

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