brahmaṇy ādhāya karmāṇi
saṅgaṁ tyaktvā karoti yaḥ
lipyate na
sa pāpena
padma-patram
ivāmbhasā
“Aquel que
ofrece todas sus acciones a lo Divino,
libre del apego: de las nociones de mí y mío,
permanece por siempre intocado por el pecado,
como una hoja de loto que no es afectada por la lluvia”.
Mi querido
Señor, por favor ayúdame a ser consciente de que lo que causa el enredo no son simplemente
las acciones que realizo, sino la motivación que hay detrás de esas acciones.
No permitas que
me vuelva adverso a mis responsabilidades, pensando que ellas me enredan. En
realidad, la propia emoción de aversión es una forma de enredo mental, en la
cual mis acciones son controladas por cosas externas, aunque sea por el
desagrado que siento hacia ellas.
Tú enseñas, mi
Señor, que la aversión puede parecer lo opuesto del apego, pero en realidad es
simplemente el otro lado de la misma moneda de la conciencia material. Tanto el
apego como la aversión mantienen mi conciencia absorta en objetos externos,
haciendo que no esté disponible para la espiritualidad. Ayúdame, mi Señor, a
apartar por completo esta moneda de la conciencia material, con sus dualidades
de apego y aversión.
Capacítame, mi
Señor, para poner como primera prioridad el compromiso de mi conciencia
contigo. Con esa intención de servicio, permíteme entonces decidir qué acción
práctica me ayuda a permanecer conectado contigo, sin preocuparme excesivamente
por si esa acción hará que me enrede.
Concédeme la
convicción, mi Señor, de que la conexión devocional contigo inmunizará mi
conciencia contra la contaminación material. Así como una hoja de loto
permanece en el agua —mojada, pero sin ser dañada—, yo también permaneceré
ocupado, pero no enredado.
A aquel que ejecuta su deber sin apego, entregándole los resultados al Señor Supremo, no lo afecta la acción pecaminosa, tal como a la hoja del loto no la toca el agua. - Bhagavad-gītā 5.10

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