La mayoría de
las personas viven absortas en la búsqueda de placeres mundanos. Como todos
esos placeres son destruidos por la muerte, llegan a la conclusión de que la
vida no tiene un significado último. “Es mejor disfrutar mientras se pueda”, se
dicen a sí mismas, y se sumergen en la búsqueda de placeres mundanos. Hasta que
la muerte las sumerge a ellas.
El problema con
esa justificación es que define el placer como placer material. Debido a esta
concepción limitada del placer, su búsqueda de significado comienza y termina
en una persecución sin sentido de placeres materiales.
Para evitar un
destino tan trágico, necesitamos poner el significado antes que el placer, no
el placer antes que el significado. Esto significa dejar de lado nuestras
definiciones preconcebidas de placer, comprender con una mente abierta el
significado de la vida y buscar el placer dentro de ese significado.
La sabiduría
del Gītā explica que la vida está destinada al amor espiritual eterno
con la Persona Suprema, Kṛṣṇa, quien
es completamente atractivo. No tenemos que aceptar este significado de la vida
únicamente por fe; podemos confirmarlo mediante la inferencia y la experiencia.
Inferencia:
Al analizar nuestro anhelo de inmortalidad a pesar de tener cuerpos mortales,
podemos inferir que en realidad somos seres inmortales. Al observar el diseño
delicado e intrincado que impregna la naturaleza, podemos inferir la existencia
de un diseñador inteligente y benevolente. Al comprender que el amor es nuestro
anhelo más profundo, podemos inferir que encontraremos una satisfacción
duradera al dirigir ese amor hacia un objeto eterno. Inferencias como estas son
piezas del rompecabezas cósmico. El significado de la vida que proporciona la
sabiduría del Gītā integra armoniosamente estas piezas en una majestuosa
visión del mundo.
Experiencia:
El proceso del servicio devocional nos permite vivir de acuerdo con este
significado de la vida y confirmarlo mediante la experiencia directa. El Bhagavad-gītā
(4.38) asegura que, cuando vivimos bajo la luz del conocimiento, gradualmente
saboreamos una alegría superior; de hecho, la alegría más elevada de la vida.
En este mundo no hay nada tan sublime y puro como el conocimiento trascendental. Dicho conocimiento es el fruto maduro de todo misticismo, y aquel que se ha vuelto experto en la práctica del servicio devocional disfruta de ese conocimiento internamente, a su debido tiempo. - Bhagavad-gītā 4.38

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