El evento de la muerte no es evitable, pero el trauma de la muerte sí lo es


Bhagavad-gītā 2.27

La muerte es la realidad más aterradora de la vida. Incluso cuando la vemos suceder a nuestro alrededor, nos protegemos de ella creyendo que no nos ocurrirá a nosotros, o al menos que no nos ocurrirá en mucho tiempo.

A pesar de nuestra negación, la destrucción de nuestro cuerpo es inevitable; la impermanencia es la esencia misma de la naturaleza material. Y la muerte resulta traumática en la medida en que nos apegamos a las cosas materiales, empezando por nuestro propio cuerpo; apegos que son inevitables en una concepción material de la vida. Tememos perder todo lo que nos es querido, e incluso tememos dejar de existir nosotros mismos.

Podemos superar este temor adquiriendo una comprensión espiritual de la vida. El Bhagavad-gītā subraya que más allá del cuerpo destructible se encuentra el alma indestructible. Afirma (2.27) que, así como la muerte es inevitable, también lo es la reencarnación del alma tras ella. Y tenemos una relación eterna con el Supremo, Kṛṣṇa, de quien somos partes eternas.

Nuestro viaje después de la muerte, al igual que nuestro viaje antes de la muerte, está guiado por el Señor Supremo, quien reside en nuestros corazones. El Bhagavad-gītā (8.5) asegura que, si lo recordamos al morir, lo alcanzamos. Cultivar su recuerdo es la esencia de la práctica del bhakti-yoga.

Mediante la práctica diligente del bhakti, nos apegamos cada vez más a Krsna y nos sintonizamos con Su presencia interior. Comprendemos que siempre está con nosotros y que, al morir, nos acompañará; no perderemos aquello a lo que más nos apegamos. Al contrario, nos acercaremos más a Él, uniéndonos finalmente a Él para una vida eterna más allá de la muerte.

Con este entendimiento, cuando nos enfrentamos a la muerte, nuestra conciencia se eleva más allá del trauma del colapso físico para sumergirse en la amorosa acogida de nuestro Señor.

Aquel que ha nacido, es seguro que va a morir, y, después de morir, es seguro que uno volverá a nacer. Por consiguiente, en el ineludible desempeño de tu deber, no debes lamentarte. - Bhagavad-gītā 2.27

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