Bhagavad-gītā 2.27
Empodérate, Nutre tu ser
Cuando alguien muere de vejez, la gente suele decir de él: “Tuvo una buena vida”. Pero, ¿la duración de una vida determina su calidad? No necesariamente.
¿Qué se puede inferir de su longevidad? Que adoptaron algunas prácticas básicas para una buena salud y que acumularon buen karma en vidas anteriores. ¿Qué no se puede inferir? Que acumularon buen karma en esta vida o que la longevidad de su vida, por sí sola, garantiza su calidad.
La calidad de nuestra vida no se determina tanto por cuánto tiempo vivimos, sino por lo que hacemos mientras vivimos. Y lo que hacemos no se refiere solo a nuestras actividades, sino al propósito que las anima. ¿Contribuimos al bien de los demás, especialmente a su bien supremo, e incluso a nuestro propio bien supremo? Al percibir y buscar ese bien supremo, ¿nos preguntamos si nuestra breve estancia en la Tierra tiene algún significado perdurable? ¿Tiene la vida misma algún significado duradero? ¿Puede nuestra existencia actual contribuir a ese significado? Solo cuando reflexionamos sobre estas preguntas y encontramos respuestas recurriendo a las grandes tradiciones de sabiduría del mundo, nuestra vida puede impregnarse de calidad.
Con este enfoque en la esencia espiritual de la vida, el Bhagavad-gītā (2.27) nos exhorta a no lamentarnos por la muerte, por muy desconcertante o incluso devastadora que parezca desde nuestra perspectiva inmediata, especialmente cuando llega de forma prematura e inesperada. Mientras mantengamos el propósito espiritual de nuestra vida como prioridad, esta se enriquecerá, independientemente de su duración.
Resumen en una sola frase
Para vivir una buena vida, no te preocupes por su duración; trabaja en su calidad percibiendo y persiguiendo un propósito espiritual.
Piénsalo bien:
- ¿Qué se puede inferir y qué no se puede inferir de la longevidad de una persona?
- ¿Qué le da calidad a nuestra vida?
- ¿Qué puedes hacer ahora mismo para mejorar tu calidad de vida?
Aquel que ha nacido, es seguro que va a morir, y, después de morir, es seguro que uno volverá a nacer. Por consiguiente, en el ineludible desempeño de tu deber, no debes lamentarte. - Bhagavad-gītā 2.27

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