La espiritualidad nos permite recuperar nuestro destino


Bhagavad-gītā 2.15

Supongamos que una persona hubiera recibido un legado enorme que pudiera reclamar viajando en barco a un lugar lejano. No lo recibiría si durante el viaje se distrajera con islas atractivas o temiera los problemas del viaje.

El Bhagavad-gītā explica que, en esencia, todos somos almas eternas (2.13). Estamos destinados al glorioso destino de la felicidad eterna. Para alcanzar este destino, necesitamos emprender un viaje de conciencia desde el nivel material de la realidad hasta el nivel espiritual.

¿Cómo podemos recorrer este camino? Practicando yoga, especialmente bhakti-yoga, un proceso ancestral para espiritualizar nuestra conciencia.

Durante este viaje yóguico, podemos distraernos con la tentación de los placeres materiales o el miedo a los problemas materiales. Para mantenernos enfocados, el Bhagavad-gītā nos recuerda que todos los placeres y problemas materiales son temporales (2.14); y quienes permanecen imperturbables en medio de las dualidades de la vida alcanzan su destino de inmortalidad (2.15).

¿Y si los placeres parecen irresistibles? Debemos recordar que los placeres materiales son, en el mejor de los casos, efímeros; la capacidad de nuestros sentidos para disfrutar de los objetos sensoriales es inevitablemente limitada. Y el placer fugaz conduce a mucha miseria (5.22). Y la austeridad al renunciar a estos placeres se ve más que compensada por la felicidad espiritual a la que accedemos a medida que progresamos en nuestro camino yóguico. Cabe destacar que la felicidad espiritual no es algo accesible solo al final del viaje; la alcanzamos a lo largo del camino, a medida que comprendemos nuestra naturaleza espiritual mediante la práctica progresiva del yoga.

¿Qué pasa si tenemos problemas urgentes que nos amenazan? La práctica del yoga nos tranquiliza, permitiéndonos afrontarlos con mayor eficacia. Y esta práctica no nos ocupa todo el tiempo; con un deseo sincero y una planificación inteligente, podemos gestionar tanto nuestro lado material como el espiritual.

Así, la espiritualidad nos capacita para saborear nuestro destino de felicidad eterna.

¡Oh, tú, el mejor entre los hombres [Arjuna]!, la persona que no se perturba ante la felicidad y la aflicción, y que permanece estable en medio de ambas, es sin duda merecedora de la liberación. - Bhagavad-gītā 2.15

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