Lo que no es eterno es eternamente intrascendente


Bhagavad-gītā 2.15

El éxito en cualquier ámbito requiere centrarse en lo importante y dejar de lado lo insignificante. Cuando comprendemos nuestra identidad espiritual eterna y nos esforzamos por alcanzar un destino eterno, debemos centrarnos en lo eterno y dejar de lado todo lo que no lo es.

El Bhagavad-gītā, en su segundo capítulo, se hace eco de este tema al presentar el camino hacia la eternidad. Primero ( 2.13 ) nos recuerda nuestra identidad como almas inmutables en cuerpos cambiantes; luego ( 2.14 ) nos insta a tolerar el cambio, sabiendo que es temporal; y finalmente ( 2.15 ) asegura que quienes no se dejan perturbar por las binarias siempre cambiantes de la vida, como la felicidad y la aflicción, pueden alcanzar la eternidad.

No dejarnos perturbar no significa convertirnos en robots insensibles, insensibles a los altibajos. Más bien, significa convertirnos en buscadores decididos de lo eterno, que conscientemente mantienen el radar de nuestra conciencia fijo en lo eterno y evalúan todo desde esa perspectiva. Paradójicamente, la perspectiva de la eternidad mejora nuestra respuesta a lo temporal, no la empeora. Cuando nuestra conciencia se ve atrapada en lo temporal, se vuelve tan grande que nos abruma y nos induce a reacciones impulsivas, generalmente miopes y contraproducentes.

Por el contrario, cuando nos conectamos con lo eterno y nos arraigamos en él cultivando el conocimiento espiritual y la realización devocional, podemos considerar la situación con calma y responder apropiadamente a los diversos altibajos.

Cuanto más comprendemos que lo que no es eterno es eternamente intrascendente, mayor es nuestra capacidad para centrarnos en lo trascendental y abordar lo relativamente menos trascendental de una manera que no nos perjudique ni nos distraiga aún más. Al recordar la trascendencia de lo eterno, podemos responder con madurez a lo no eterno y también progresar con paso firme hacia lo eterno.

¡Oh, tú, el mejor entre los hombres [Arjuna]!, la persona que no se perturba ante la felicidad y la aflicción, y que permanece estable en medio de ambas, es sin duda merecedora de la liberación. - Bhagavad-gītā 2.15

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