Bhagavad-gītā 2.14
Cuando una sanguijuela nos pica, podemos sentir pánico al sentir cómo sus tentáculos nos chupan la sangre. Si intentamos sacarla impulsivamente, puede tener tanta fuerza que acabemos arrancándonos una parte considerable de la piel. Sin embargo, si mantenemos la calma y dejamos que la sanguijuela haga su trabajo, sus túbulos no son infinitos; no puede chuparnos toda la sangre. Una vez llenos, se soltará y podremos quitárnosla de encima.
De igual manera, cuando los problemas nos atacan, podemos agravarlos con reacciones exageradas e impulsivas. Por ejemplo, cuando un ser querido nos critica, podemos reaccionar con furia, contando sin pensar las cosas terribles que creemos que ha hecho. Así, un pequeño malentendido puede convertirse en una confrontación grave que deje una relación íntima fracturada o incluso rota.
Cuando cualquier cosa que hagamos para resolver un problema lo agrava, debemos reconocer que ese problema es una sanguijuela; simplemente hay que tolerarlo. El Bhagavad-gītā (2.14) recomienda dicha tolerancia, basada en la comprensión de que las dualidades de la vida son inevitables, pero efímeras.
Para aumentar nuestra tolerancia, necesitamos elevar nuestra consciencia espiritual. Cuando meditamos en nuestra esencia indestructible, experimentamos una profunda seguridad interior. Esta seguridad apacigua la sensación de amenaza que nos hace reaccionar exageradamente ante las provocaciones.
¿Y si algunos problemas no son como sanguijuelas, sino que simplemente no nos sueltan? ¿Acaso no necesitamos hacer algo para resolverlos? Sí, la tolerancia no significa necesariamente no hacer nada; significa principalmente no hacer lo primero que nos viene a la mente. Si toleramos nuestra primera reacción, nuestra inteligencia pronto entrará en acción para darnos una perspectiva más clara de las cosas. Con esa perspectiva, podemos elegir la mejor respuesta al problema.
¡Oh, hijo de Kuntī!, la aparición temporal de la felicidad y la aflicción, y su desaparición a su debido tiempo, es como la aparición y desaparición de las estaciones del invierno y el verano. Todo ello tiene su origen en la percepción de los sentidos, ¡oh, vástago de Bharata!, y uno debe aprender a tolerarlo sin perturbarse. - Bhagavad-gītā 2.14

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