Bhagavad-gītā 2.65
Cómo el ansia de placer disminuye nuestra capacidad de disfrutar de ese mismo placer.
Vivimos en una cultura donde se nos promete placer desde innumerables frentes, especialmente a través de la publicidad y los medios de comunicación. En medio de toda esta propaganda agresiva y el anhelo que alimenta en nuestros corazones y mentes, a menudo olvidamos una verdad fundamental: para disfrutar de cualquier placer, no solo necesitamos un objeto placentero, sino también una mente relativamente tranquila.
Cuando el deseo de placer nos excita y agita excesivamente, nos roba la paz mental y, por lo tanto, disminuye —si no destruye— nuestra capacidad de experimentar plenamente el placer que buscamos. Por ejemplo, si anhelamos un alimento delicioso, incluso si es tan sabroso como lo imaginamos, estamos tan ansiosos por el siguiente bocado que nuestra atención se divide entre lo que disfrutamos en el presente y lo que disfrutaremos después. Cuanto mayor sea la agitación, menor será la satisfacción. El Bhagavad-gītā 2.65 se hace eco de esta idea con la pregunta retórica: "¿Cómo pueden quienes carecen de paz alcanzar la felicidad?". Podemos experimentar cierta estimulación sensorial, pero esta permanece superficial porque la agitación mental nos impide disfrutar verdaderamente incluso de ese objeto deseado, y mucho menos de cualquier otra cosa.
Imaginemos que estamos conversando con personas inteligentes y cariñosas mientras disfrutamos de una comida deliciosa. Si nos invade el antojo de algún alimento en particular, no podremos saborearlo plenamente ni apreciar la sabiduría y el afecto compartidos en la conversación. Por lo tanto, es fundamental liberarnos de la ilusión de que un mayor deseo conlleva un mayor placer.
Ciertamente, cierto grado de deseo es necesario como energía para emprender actividades que puedan brindar placer. Pero a menudo, los deseos que se despiertan en nuestro interior —ya sea por imágenes culturales o por fantasías alimentadas por una mente impura— en realidad disminuyen nuestra capacidad de disfrutar. Cuanto más comprendamos esta verdad, más dirigiremos nuestros esfuerzos hacia el crecimiento interior y espiritual, que puede calmar y purificar nuestra mente. Solo a través de esta calma y purificación mental podremos experimentar y disfrutar del placer en toda su plenitud.
Los beneficios son dobles: por un lado, una mente tranquila y purificada nos ayuda a disfrutar más plenamente de los placeres materiales y nos permite apreciar una mayor variedad de ellos, ya que nuestra conciencia deja de centrarse en un solo objeto como fuente de placer. Además, calmar y purificar la mente nos abre a un universo completamente nuevo de placeres espirituales superiores, al conectarnos de forma más profunda y constante con la divinidad, todopoderosa y amorosa, que es la fuente de toda felicidad.
Resumen:
- La agresiva propaganda cultural actual alimenta deseos que nos roban la tranquilidad, reduciendo nuestra capacidad de disfrutar incluso de los placeres materiales.
- El deseo intenso de algo puede cegarnos ante otras experiencias significativas o placenteras, dejándonos solo con una excitación superficial mermada por la ansiedad.
- Al liberarnos de la ilusión de que más deseo trae más placer y al cultivar una mente más tranquila, podemos experimentar mejor los placeres materiales y acceder a alegrías espirituales superiores.
Piénsalo bien:
- Recuerda alguna ocasión en la que no pudiste disfrutar de algo que deseabas con mucha intensidad.
- ¿Has tenido alguna experiencia en la que un deseo intenso por algo te haya impedido ver otras cosas significativas o placenteras?
- ¿De qué dos maneras podemos beneficiarnos en nuestra búsqueda de la felicidad al calmar y purificar nuestra mente?
Para aquel que se encuentra satisfecho de ese modo [en el estado de conciencia de Kṛṣṇa], dejan de existir las tres clases de sufrimientos de la existencia material; con la conciencia así de satisfecha, la inteligencia de uno pronto queda bien establecida. - Bhagavad-gītā 2.65

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