Evitar la arrogancia y la timidez al afrontar la tentación


Bhagavad-gītā 2.57

Creer que ninguna ola de tentación nos arrastrará jamás es arrogancia. Creer que inevitablemente seremos arrastrados por la tentación es timidez. Creer que aferrarnos al ancla de la devoción puede protegernos de ser arrastrados por la tentación es confianza.

Vivimos en un mundo lleno de tentaciones, que pueden atacarnos en distintos momentos y con diversa intensidad. El Bhagavad-gītā (2.67) utiliza la metáfora de una ola tempestuosa que puede arrastrarnos. De manera similar, las tentaciones pueden abrumarnos como olas tempestuosas. Cuando intentamos crecer espiritualmente o vivir éticamente, es fundamental saber cómo afrontar la tentación con eficacia. Nuestra actitud ante la tentación determina en gran medida si lograremos superarla.

Si consideramos las diferentes actitudes que podemos adoptar ante la tentación , podemos verlas como los extremos de un péndulo. En un extremo se encuentra la creencia de que ninguna ola de tentación podrá jamás arrastrarnos. Esto es pura arrogancia, pues no podemos saber cuán fuerte será una futura ola de tentación ni cuán vulnerables nos sentiremos en ese momento. Si una ola poderosa nos golpea cuando somos especialmente vulnerables, podemos ser arrastrados por tentaciones que de otro modo habríamos resistido. Por eso debemos evitar la arrogancia de pensar que somos invulnerables a la tentación.

El otro extremo se da cuando creemos que la tentación será demasiado fuerte para resistirla. Esta falta de confianza, o timidez, nos predispone al fracaso, incluso cuando este es evitable. Aunque la tentación sea leve y tengamos la capacidad de mantenernos firmes, podemos perder la resistencia y dejarnos arrastrar. Por lo tanto, también debemos evitar este tipo de timidez.

Entre la arrogancia y la timidez se encuentra el punto de equilibrio de la confianza. Esta confianza surge de comprender que, si bien no podemos resistir todas las tentaciones por nuestra cuenta, podemos aferrarnos a un ancla que nos mantendrá firmes, incluso en las olas más fuertes. Para nosotros, esta ancla es la devoción, especialmente la inmersión devocional en la divinidad todopoderosa, Kṛṣṇa. En el Bhagavad-gītā (2.59 y 2.61), se nos anima a mantener nuestra conciencia inmersa en Kṛṣṇa. Cuando Él llena nuestra conciencia, la tentación encuentra poco espacio y su influencia sobre nosotros se debilita gradualmente.

Esta confianza, arraigada en Kṛṣṇa, nos protege de la timidez, que nos lleva a rendirnos sin luchar, creyendo que estamos condenados al fracaso. También nos protege del exceso de confianza, pues reconocemos que no es nuestra propia fuerza la que nos impide ser arrastrados, sino la presencia de Kṛṣṇa en nuestro interior, disponible a través de su misericordia. Así, permanecemos humildes y vigilantes, aferrándonos a Kṛṣṇa.

Al mantenernos conectados con Kṛṣṇa y afrontar la tentación cuando surge, podemos purificarnos gradualmente, aumentando nuestra atracción hacia Kṛṣṇa y elevándonos por encima del atractivo de las tentaciones mundanas.

Resumen:

  • Cuando nos enfrentamos a la tentación, pensar que nunca sucumbiremos es arrogancia, porque no podemos saber cuán poderosa puede ser la tentación ni cuán vulnerables podemos sentirnos.
  • Creer que inevitablemente fracasaremos ante la tentación nos lleva a la inseguridad, lo que debilita nuestra determinación.
  • Si nos aferramos a Kṛṣṇa como nuestra ancla, podemos navegar con confianza por un mundo lleno de tentaciones.

Piénsalo bien:

  • Recuerda alguna ocasión en la que la arrogancia te llevó a subestimar la tentación y qué aprendiste de esa experiencia.
  • Reflexiona sobre alguna ocasión en la que te sentiste indeciso al enfrentarte a la tentación y qué lecciones aprendiste de ese encuentro.
  • Enumera tres maneras realistas de aferrarse al ancla de la devoción, que permite tener confianza al afrontar las tentaciones.

En el mundo material, aquel a quien no lo afecta ningún bien o mal que pueda obtener, y que ni lo alaba ni lo desprecia, tiene firmemente en su posesión el conocimiento perfecto. - Bhagavad-gītā 2.57

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