Bhagavad-gītā 2.68
tasmād yasya mahā-bāho nigṛhītāni sarvaśaḥ indriyāṇīndriyārthebhyas tasya prajñā pratiṣṭhitā
“Por lo tanto, oh el de los poderosos brazos, se sabio y fuerte, controla tus sentidos para que no se desvíen por mal camino. Quien los mantiene bajo control, se mantiene firme en la sabiduría, constante e íntegra.
Mi querido Señor, por favor, permíteme recordar que mi confrontación con la tentación no es menos grave que una guerra abierta entre dos países, donde el agresor está empeñado en destruir al defensor.
Así como en la guerra el agresor busca constantemente cualquier debilidad en las defensas del ejército contrario, de manera similar, las fuerzas de la tentación buscan constantemente debilidades por donde puedan entrar a la fuerza en mi conciencia.
Los principales puntos de entrada a través de los cuales la tentación invade mi conciencia son mis sentidos.
Si permito que mis sentidos se distraigan con cualquier objeto que pase por mi campo de percepción, bajo la guardia. Dejo de ser consciente de lo que entra en mi conciencia, y la tentación puede infiltrarse sigilosamente, inicialmente pareciendo un simple capricho inocente o inofensivo. Una vez dentro, puede irrumpir con formidable velocidad y ferocidad, venciendo mi inteligencia y mi conciencia.
Por favor, Señor, bendíceme para que pueda reconocer que la noción de una guerra contra la tentación no es solo una metáfora de la estimulación intelectual, sino una advertencia impactante sobre una realidad mortal.
Por favor, Señor, bendíceme para que pueda ser consciente de aquello de lo que soy consciente, y mejor aún, para que pueda ser cada vez más consciente de Ti, de modo que Tu presencia dentro de mí se convierta en mi defensa impenetrable contra la tentación.
Por lo tanto, ¡oh, tú, el de los poderosos brazos!, todo aquel cuyos sentidos están apartados de sus objetos, tiene sin duda una inteligencia firmemente establecida. - Bhagavad-gītā 2.68

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