Todos jugamos en superficies diferentes; no te compares


Bhagavad-gītā 3.35

Supongamos que dos bateadores juegan en dos partidos diferentes, en dos canchas distintas: una ideal para bateadores y la otra una pesadilla. Un medio siglo en una cancha difícil podría ser más creíble que un doble siglo en una cancha fácil. Su desempeño debe evaluarse no mediante una comparación directa, sino considerando lo que era realista en su cancha y lo que lograron en comparación con eso.

Todos jugamos en terrenos diferentes, y nuestro propio mecanismo cuerpo-mente constituye nuestro terreno. Por consiguiente, somos buenos en algunas cosas, promedio en otras y deficientes en otras. Este espectro de habilidades varía de persona a persona. El Bhagavad-gitaEl Bhagavad-gītā (3.35) afirma que todos tenemos nuestra naturaleza y debemos contribuir de acuerdo con ella. Esto requiere que nos enfoquemos en comprender nuestras propias fortalezas y aprovecharlas al máximo en cada situación. Si, en cambio, nos comparamos con los demás, nos sentimos superiores si somos mejores que ellos o inferiores si ellos lo son.

Por supuesto, el mundo puede no reconocer que nuestro terreno de juego es diferente al de los demás. Por lo tanto, puede someternos a comparaciones desfavorables o injustas. Para evitar que estas comparaciones nos desmoralicen, debemos centrarnos no en cómo nos ve el mundo, sino en cómo nos ve Krsna.Kṛṣṇa. Él ve dónde estamos, adónde podemos llegar y cuánto nos esforzamos por lograrlo.

Cuando apartamos la mirada del mundo y la fijamos en nosotros mismos, tal como somos en nuestra relación con el Señor, pasamos de la inseguridad mundana a la seguridad espiritual. Con esta autoconfianza, podemos valorar la oportunidad de aportar nuestra singularidad a nuestras situaciones particulares, maximizando así nuestras contribuciones únicas.

Es muchísimo mejor desempeñar los deberes de uno, aunque tengan sus imperfecciones, que desempeñar los deberes de otro a la perfección. Es preferible encontrar la destrucción mientras uno ejecuta su propio deber, que el dedicarse a los deberes ajenos, ya que es peligroso seguir el sendero de otro. - Bhagavad-gītā 3.35

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