Bhagavad-gītā 13.29
«Todos son mejores que yo. No sirvo para nada». A veces nuestra mente nos desanima con esos pensamientos.
Estos pensamientos son los trucos de la mente, trucos que podemos descubrir con la sabiduría del Bhagavad-gītā. Explica que, en la etapa condicionada, nuestra mente es adicta a jugar a ser Dios. En ese juego, una de sus estrategias favoritas es la comparación para demostrar nuestra superioridad sobre los demás. La otra cara de este juego es que a veces descubrimos que somos inferiores a los demás. Así, terminamos siendo miserables, compadeciéndonos de nosotros mismos, hundiéndonos en el pantano de la autocompasión.
La causa fundamental de nuestro sufrimiento no es que seamos los últimos, sino que estamos perdidos. Debido a nuestro deseo de disfrutar separados de Kṛṣṇa, hemos perdido nuestra conexión amorosa interior con Él. Por lo tanto, nos hemos perdido en el laberinto de innumerables deseos materiales. Como estos deseos nos mantienen eternamente insatisfechos, sin importar lo poco o mucho que tengamos, nos sentimos miserables por ser los últimos en los juegos de comparación de nuestra mente.
Sin embargo, esta miseria secundaria de ser el último se vuelve irrelevante cuando se sana la miseria primaria de estar perdido. La sabiduría del Bhagavad-gītā explica que cada uno de nosotros es irreducible e intrínsecamente único. Todos somos hijos amados de Kṛṣṇa, receptores individuales de Su amor supremo y destinados a deleitarnos eternamente en ese amor. Cuando disfrutamos del amor de Kṛṣṇa, la alegría oceánica resultante hace insignificante el placer o el dolor, comparado a una gota.
El Bhagavad-gītā ( 13.29 ) indica que una vez que comprendemos que Kṛṣṇa nos ama –como a todos los demás– tanto que está personalmente presente en el corazón de cada uno, entonces la mente ya no puede engañarnos ni degradarnos; marchamos derechos y fuertes en nuestro viaje de regreso a Kṛṣṇa.
Aquel que ve que la Superalma está presente de la misma manera en todas partes, en cada ser viviente, no se degrada por la mente. De ese modo, él se dirige al destino trascendental. - Bhagavad-gītā 13.29