18. ¡El mono me robó los zapatos!


Un día, en Vṛndāvana, Śrutakīrti, el sirviente de Prabhupāda lo oyó dando voces en su habitación en la azotea. Corriendo a la habitación, Śrutakīrti recibió como saludo un grito de Prabhupāda: —¡Sinvergüenza!—. Prabhupāda tomó una piedra de arcilla de su mesa de trabajo y la arrojó por la puerta del balcón.

—¿Qué ocurre?

—¡El mono me robó los zapatos! —dijo Śrīla Prabhupāda; se levantó y se dirigió a la puerta—. Trae algunas perās (‘simplemente maravillosas’) y mi bastón de caña —dijo Prabhupāda. Śrutakīrti salió y volvió con el bastón y una porción de dulce, mientras Śrīla Prabhupāda descubrió al mono, que estaba parado justamente a una distancia en que no se lo podía alcanzar, sobre el tejado de hormigón encima de la habitación de Prabhupāda. Con su bastón en la mano, Prabhupāda saltó tratando de golpear al mono, pero éste se mantuvo fuera de su alcance, escabulléndose atrás y adelante agitando la zapatilla provocadoramente.

—Qué sinvergüenzas son estos monos —dijo Prabhupāda con una apariencia seria y resuelta. Conociendo perfectamente el juego del mono, Prabhupāda pidió a su sirviente que le tendiese el dulce para negociar sobre la zapatilla. En cuanto se le ofreció el dulce, el mono se acercó y tendió la zapatilla. Se acercó más y más, pero entonces robó el dulce y se quedó la zapatilla. Por tres veces intentaron lo mismo, y el mono los engañó y les ganó cada vez. Triunfalmente, el mono se sentó atrás, fuera de alcance, gruñendo y haciendo muecas. Por último, se metió la zapatilla en la boca y empezó a masticarla. Prabhupāda afanosamente había tratado de recuperar la zapatilla, pero ahora dijo: —Lo ha arruinado—. El mono había roto el talón y la cubierta interior de la planta. Prabhupāda volvió entonces a su habitación y, tras intentarlo unas veces más, su sirviente también dejó el lugar. El mono entonces dejó caer el zapato y se fue corriendo.

Más tarde, un devoto trepó al tejado y le llevó a Prabhupāda la roída zapatilla. Prabhupāda decidió conservarla y usarla, aunque estaba rota y tenía marcas de dientes. Continuó llevándola durante un año tras el incidente.

Los devotos preguntaron a Prabhupāda si era verdad que los que en ese entonces eran monos en Vṛndāvana eran muy especiales, si eran sabios que en vidas anteriores habían caído de la vida espiritual y que en su siguiente vida se liberarían.

—Sí —explicó Prabhupāda—. Aunque los monos son traviesos y roban alimentos, en Goloka Vṛndāvana Kṛṣṇa mismo les distribuye la mantequilla.

Quién era, exactamente, este mono, o cuál era su relación con Prabhupāda, nadie puede decirlo con seguridad. Lo único cierto era que Prabhupāda lo consideró un travieso sinvergūenza, y que todo ello tuvo lugar en la inconcebible Vṛndāvana-dhāma.
Entrevista con Śrutakīrti dāsa

No hay comentarios:

Publicar un comentario