27. La boca de Sarasvatī es igual a los camiones de basura de Nueva York



Śrīla Prabhupāda Uvāca 27
Invierno de 1972, India

En mi primer viaje por la India, Otoño e Invierno de 1972, Mālatī devī cocinó para Śrīla Prabhupāda. Ella era la esposa de Śyāmasundara dāsa, el secretario de Śrīla Prabhupāda. Tenían una hija de nombre Sarasvatī, quien por aquél tiempo tendría 3 años. Era una niñita muy afortunada, la única persona que podía entrar y salir de las habitaciones de Śrīla Prabhupāda sin ser anunciada.

Parecía que salía de la nada, como un diminuto Nārada Muni, en diferentes templos alrededor del mundo. Siempre se colaba en la habitación de Prabhupāda por unos momentos, luego desaparecía, tan rápido como había aparecido. El disfrutaba su compañía. A veces, ella se sentaba en su regazo. Otras veces, él la molestaba afectuosamente, como lo haría un abuelo. Ella siempre tenía prasādam en su boca o en sus manos. Śrīla Prabhupāda lo observaba y a veces le daba dulces de una caja en el escritorio.

Un día, ella entró a la habitación mientras yo le estaba dando el masaje a Śrīla Prabhupāda. Estaba comiendo, como de costumbre. Śrīla Prabhupāda comenzó a reír, y dijo, “Tú siempre estás comiendo. ¿Sabes tú qué me recuerdas, Sarasvatī?”. Ella lo miró con la boca llena de comida y sacudió su cabeza indicando que no tenía idea. “Me recuerdas a la ciudad de Nueva York, los camiones de la basura”, -dijo. “¿Conoces los camiones de la basura en la ciudad de Nueva York?”. Ella asintió. Prabhupāda continuó, “En la ciudad de Nueva York tienen esos enormes camiones para la basura, que van por la calle y los trabajadores ponen en ellos la basura”. En ese momento, Śrīla Prabhupāda estiró sus brazos, el uno sobre la cabeza y el otro hacia el piso. “Van por la calle y ponen la basura dentro de la enorme boca del camión y luego el camión hace zzzzzzzzzzzzzuuuuuuuummmmmmmmm y se cierra, y el camión se la come. Luego hace iiiiiiiimmmmmmmmmmmm y se vuelve a abrir. Algo así”.

Así exclamando, él imitaba el movimiento crujiente arriba y abajo de las mandíbulas del camión de basura, abriendo sus brazos y cerrándolos. “Tu boca es algo así. Tú siempre pones cosas en ella. Tal como el camión de basura en Nueva York”.


Él la sorprendió, más tan rápido como había aparecido, Sarasvatī desapareció. Quizás se fue a conseguir más prasādam de su mātājī. Continué dando el masaje a Śrīla Prabhupāda, maravillado nuevamente por su grandeza. Me pregunté qué actividades piadosas habría hecho ella, para poder jugar con Su Divina Gracia a un nivel tan íntimo. El que yo hubiera podido ser testigo del līlā de Śrīla Prabhupāda era ciertamente una señal de su misericordia sin causa. La travezura afectuosa de Śrīla Prabhupāda continúa ablandando este corazón de piedra.

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