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129. Upendra Prabhu, querido sirviente personal de Prabhupāda



Śrīla Prabhupāda Uvāca 129

Śrīla Prabhupāda, hoy estoy comenzando a aceptar el paso de su querido siervo, Upendra Prabhu. Siempre quedo impresionado al constatar cuan poco he aprendido sobre la Conciencia de Kṛṣṇa. Hablé mucho con Upendra el verano pasado. Él me habló de su condición y dijo que era probable que muriese el año siguiente. A pesar de estar consciente de su enfermedad, aun pensaba, “No, él no nos dejará tan pronto.” Me enfrento con mi incapacidad de aceptar la muerte, y mi querido amigo, Upendra, ahora se fue.

Eso me recuerda cuando lo fui a visitar en agosto de 1977. Entonces era presidente de Nueva Navadvīpa, el templo de Hawai. Fui para Vṛndāvana con Madhudvisa prabhu para pasar el tiempo con usted, Śrīla Prabhupāda. Cuando llegué y vi su condición, quedé tan perturbado. Usted había perdido mucho peso y estaba muy débil. Aun así, usted nos recibió con entusiasmo. Usted estaba hermoso y deslumbrante como siempre, estimulándonos. Usted dijo a Madhudvisa, “Entonces, permanece como grihastha y rinde tu servicio. No hay problema alguno. Si la persona no puede seguir adelante, no hay problema. El fracaso es la base del éxito. Intenta luego. Intenta nuevamente. ¿Dónde está Śrutakīrti? ¿Cómo estás?”. Yo respondí, “Muy bien, gracias”. Śrīla Prabhupāda dijo, Śrutakīrti también es un grihastha. Entonces ustedes pueden trabajar juntos para mejorar este movimiento. Esa es nuestra ambición. Grhe ba banete thake, ha gauranga bole dake, narottama mage tara sanga. “Permaneciendo en casa o como un sannyāsi, si él es devoto del Señor Gaurāṅga, yo quiero su asociación”. Esto es de Narottama Ṭhākura... Grhe ba banete thake, ha gauranga bole dake, narottama mage tara sanga. Entonces sigue los principios y cualquier posición será adecuada. No te dejes llevar por las olas de māyā. Captura a Caitanya Mahāprabhu y estarás a salvo. ¿No es así? No nos dejes. Tú estás bien... por lo menos hiciste avances. Tú eres uno de los devotos importantes. Entonces no pierdas esa posición ahora. Administra la posición en la que desees quedarte. Ahora Gaurasundara también vino. Entonces estoy feliz de ver que tu... tu mechón de cabello está largo. Si. Córtalo. Dales a ellos un buen lugar donde permanecer”. Tamala Kṛṣṇa dijo, “Prasādam”. Śrīla Prabhupāda respondió, “Acepta prasādam y quédate aquí por un tiempo. Está claro que, según mi horóscopo, éstos son mis últimos días. Mas si Kṛṣṇa quisiera salvarme, ahí es diferente. ¿Ellos calcularon ochenta y dos años y dos días?”. Tamala Kṛṣṇa dijo, “Ochenta y un años, cinco meses y veintiocho días”. Śrīla Prabhupāda continuó, “Esto es de acuerdo con los cálculos de mi horóscopo. Ochenta y un años se completaron ya y comenzaré mi octogésimo segundo año. No importa si dejo el cuerpo. Aun después de la muerte seguiré viviendo. Un año antes o un año después... Ahora, en la medida de lo posible los entrenaré. Intenta seguir los principios. Y sigue adelante. No dejes que los trucos de māyā te atrapen. Continúa, sigue adelante a cualquier precio. Bhaktivinoda Ṭhākura dijo... Tantos obstáculos vienen, māyā es muy fuerte... y aun así, nosotros continuamos adelante. Esto es bueno”.

Pasé las dos semanas siguientes en el Kṛṣṇa Balarāma Mandir. Upendra estaba masajeándolo y dándole baños de esponja. Él me permitió realizar este maravilloso servicio con él. Por su misericordia y la misericordia de Upendra prabhu, pude tocar nuevamente el cuerpo de mi trascendental padre espiritual. Era el servicio al cual yo estaba más apegado, y tener a Upendra a mi lado lo hizo más dulce aún. Él era un siervo tan maravilloso. Él cariñosamente compartió el néctar del servicio conmigo, sabiendo que al compartirlo a usted con otros, su propio éxtasis aumentaba.
Cuando estaba preparándome para irme de Nueva Navadvīpa, Upendra me dio la esponja que usamos para bañarlo como regalo de despedida. Estaba perfumada con el aroma de su cuerpo y el polvo que usamos durante el masaje. Yo la di casi toda pero mi esposa, Kusa, consiguió quedarse con un pequeño pedazo y lo colocó en una moldura. Está hoy en su altar en nuestra sala del templo.

Tontamente dejé Vṛndāvana antes de tiempo. Podría haberme quedado con usted si mi deseo hubiese sido más fuerte, mas, pensando que era indispensable como presidente de templo y no realizando que nunca más vería sus pies de loto nuevamente, partí. Es una decisión de la que voy a arrepentirme por toda la eternidad. De repente, usted se fue. Nunca pensé que esto fuese a ocurrir. Usted me enseñó todo acerca de la naturaleza temporal de este mundo material, pero aprendí muy poco. Cuando voy a aprender aquello que usted enseñó tan cuidadosamente a este tonto siervo. No hay nada más valioso en este mundo que la asociación con los devotos del Señor. ¿Cuándo voy a aprender que el único néctar en esta vida es la asociación con los devotos de Kṛṣṇa?

Śrīla Prabhupāda, yo me identifico mucho con Upendra. Básicamente él es cariñosamente conocido como su siervo personal. Él era muy sentimental. Después que usted se marchó él se hizo más conocido por sus dificultades para seguir el camino de la Conciencia de Kṛṣṇa. Mi condición después que usted dejó el cuerpo ha sido similar. Usted misericordiosamente dio su mano y llevó a su siervo Upendra, ayudándolo cuidadosamente en su paso al próximo mundo. Usted nos muestra de que manera es compasivo y cariñoso con nosotros. Usted nunca reconoce nuestros malos hábitos, graciosamente mostrando gratitud por el servicio que hagamos, no importa cuan insignificante sea.

Śrīla Prabhupāda, soy muy caído y perezoso. Aun no consigo sentir su presencia desde que partió de este mundo. Mi apego a usted es sentimental y soy incapaz de realizar cualquier servicio útil. Por favor, lléveme de este lugar horrible para que pueda masajearlo, junto con mi hermano espiritual Upendra prabhu. Mire cariñosamente hacia mí y sálveme de mí mismo.

Usted vive eternamente en sus instrucciones y su presencia puede ser vista en sus discípulos que siguen estas instrucciones, si tuviéramos ojos para ver. Por favor, recuérdeme como recordó a Upendra. Deme esa alegría de tener la asociación de mis hermanos y hermanas espirituales en el momento de la muerte. Yo rezo para poder estar cantando los santos nombres de Guru y Gauranga al dejar mi cuerpo, y así, seguir los pasos de mi más afortunado amigo y hermano espiritual, Upendra prabhu.

128. Servicio devocional significa complacer a Kṛṣṇa; Sandeśa y rasagullā



Śrīla Prabhupāda Uvāca 128
27 de septiembre de 1972; Los Angeles, CA. USA;
Nueva Dvārakā

A continuación un fragmento de una carta que envié a Kīrtanānanda Mahārāja, tres semanas después de dejar Nueva Vṛndāvana y de haberme vuelto el siervo personal de Śrīla Prabhupāda.

“Estoy comenzando a entender que cualquier cosa ligada a Śrīla Prabhupāda es realmente nectárea. Es por su misericordia sin causa que finalmente conseguí ocuparme en una labor de predica de la cual realmente gusto —describir las actividades de nuestro amado maestro espiritual a los otros devotos. Cada palabra dicha y cada paso dado por Śrīla Prabhupāda son una fuente de néctar para miles de discípulos alrededor del mundo. Sólo Prabhupāda puede convertir vidas desgraciadas en algo aprovechable. Él acepta el más insignificante servicio como un gran hecho.

“Ayer mientras masajeaba a Śrīla Prabhupāda, mencioné que hacíamos āratis para las vacas. Cuando dije esto, Prabhupāda se frunció. Yo le pregunté si era bueno hacer esto y él dijo que no. Le pregunté si había algo especial que pudiéramos hacer por las vacas. Él dijo, “Mantengan a las vacas limpias, pásenles el cepillo y báñenlas, también pueden pulir sus cuernos y cascos”.

“Prabhupāda recibió su sandeśa ayer y me pidió que colocara dos de ellas en su plato a la noche, junto con abacari y leche caliente. Le dio una mordida y dijo, “Kīrtanānanda Mahārāja hace sandeśa de primera”. Él dijo entonces que la sandeśa y rasagulla son llamados dulces bengalíes y que son “modelos”. Él ha criticado el hecho de que el templo de Los Ángeles haya inventado dulces —dulces con arroz inflado, leche en polvo, colorante, pasta de cacahuete, etc.— cosas de las que no gustó. Él dijo, “Yo les di sandeśa, rasagulla y bolas dulces. Estos son dulces modelo y son muy buenos. ¿Por qué han inventado tantas cosas diferentes? Entonces, ayer a la noche, hice queso y preparé sandeśa hoy de mañana. En el almuerzo le di una feta por ti y otra por mí. Él comió las dos. Cuando terminó, le pregunté como estaba la sandeśa. Sonrió y dijo, “¿Tú las preparaste?!”. Yo le conté lo que había hecho y dijo que estaban muy buenas. Quedó muy feliz, pues la sandeśa es uno de sus dulces favoritos”.

Śrīla Prabhupāda, la verdad absoluta nunca cambia. Veinticinco años pasaron desde que escribí esta carta a Kīrtanānanda Mahārāja. Por su misericordia sin causa pude redescubrir un “trabajo de prédica del cual realmente gusto”. Yo rezo para que nunca más deje pasar tantos años vacíos sin glorificar a mi magnífico maestro espiritual. Por favor, deme una oportunidad más de preparar sandeśa para su almuerzo, así podré saborear su manera de estimularme, al abrir grande sus ojos y decir, “Esto está muy bueno”.

127. Cocina bengalí, Aceite de semilla de mostaza, Pishima y Shukta



Śrīla Prabhupāda Uvāca 127
Septiembre de 1974; Calcuta, India;
ISKCON Calcuta

Durante la estadía en el Templo de Calcuta, en 1973, pude observar como Śrīla Prabhupāda gustaba de la cocina bengalí. Por increíble que parezca, durante todo el tiempo que fui siervo personal de mi amado Śrīla Prabhupāda, Su Divina Gracia no comió mucha prasādam típica bengalí. Incluso cuando permanecía en los templos de Calcuta y Māyāpur, regularmente honraba el prasādam hecho por sus devotos occidentales. El problema era que las maravillosas preparaciones bengalíes, a pesar de ser muy deliciosas, contenían mucho aceite de mostaza y Śrīla Prabhupāda había dicho, “Para mi es difícil de digerir”.

Cierto día en el Templo de Calcuta, Tamala Kṛṣṇa Mahārāja entró en el cuarto de Śrīla Prabhupāda y prestó reverencias. Sentado confortablemente detrás de su mesa, Śrīla Prabhupāda estaba deslumbrante como de costumbre. Tamala Kṛṣṇa Mahārāja preguntó, “¿No dijo usted que el aceite de mostaza es para ser usado externamente en el cuerpo y el ghi para ser usado internamente con la comida?”. Śrīla Prabhupāda sonrió y respondió, “Sí”. Tamala Kṛṣṇa Mahārāja continuó, “¿Entonces eso, no significa que no deberíamos usar aceite de mostaza en la cocina? A veces algunos devotos usan aceite de mostaza en la preparación de alimentos. Yo no creo que eso sea buena idea”. Śrīla Prabhupāda rió y dijo, “Bien, es verdad, pero el aceite de mostaza es muy delicioso. Hace que las verduras queden de primera. Por lo tanto, en Bengala, todos usan aceite de mostaza en la cocina. Es muy delicioso”.

A veces, cuando Śrīla Prabhupāda permanecía en Bengala, su hermana venía al templo a cocinar para él. Si bien por un lado esto era bueno, por el otro creaba muchos problemas. Todos sabían que la hermana de Śrīla Prabhupāda, Pishima, entraba en la cocina del templo contrabandeando aceite de mostaza debajo de su sari, para usarlo en la preparación de las comidas de su amado hermano. Como Śrīla Prabhupāda, Pishima tenía el hábito de escuchar lo que teníamos que decir y después hacer lo que ella quería. Śrīla Prabhupāda comía todo lo que ella le preparaba y ocasionalmente reclamaba luego, “La comida que me preparó me está haciendo sentir mal”.

Él inclusive bromeaba, “Creo que ella quiere matarme”. A veces yo le daba un reto, como de padre a hijo, diciendo, “Śrīla Prabhupāda, usted no se enferma cuando come las cosas hechas en su cacerola, pero cuando come las cosas que le prepara su hermana sí”. Él respondía con convicción, “¡Sí! No me des otra cosa. Déjame comer sólo lo que tú preparas. Si mi hermana me da algo puedes comerlo tú si quieres. Yo no lo quiero”.

Me sentí muy animado por su determinación de seguir mis valiosas instrucciones. Está claro que él nunca siguió las instrucciones de otros por mucho tiempo, especialmente en lo que respecta a su dieta. Siempre hacía lo que mejor le parecía. Cierta vez, uno de los sobrinos espirituales de Śrīla Prabhupāda, un brahmacārī bengalí, visitó a Śrīla Prabhupāda en su apartamento en Juhu. Él era un óptimo cocinero y se ofreció a preparar shukta, un plato amargo de legumbres. Estuve observando al joven devoto freír talentosamente grandes trozos de verdura, incluyendo melón amargo. Cuando acabó tenía un gran pote de sopa muy espesa y amarga. A Śrīla Prabhupāda le encantó, se deleitaba con cada probada. Él dijo, “Esta es la cosa más increíble. Śrutakīrti, tienes que aprender a hacer esto. Hazlo de esta manera. Está de primera”.

Nunca fui capaz de preparar aquel plato tan bien como el joven brahmacārī. Felizmente para mi, Śrīla Prabhupāda aceptaba las comidas mucho más simples que yo preparaba regularmente. Me sentí muy feliz al oírle decir que con mis comidas no se enfermaba.

Śrīla Prabhupāda, siempre quedo maravillado por la dimensión de su compasión. Usted regularmente aceptaba el servicio de cualquiera, sin importar las consecuencias que ello le traía. Nadie sabe de esto más que yo. Usted nunca desistió de mi y se que, mientras yo tuviera un deseo sincero de servirle, usted nunca va a dejarme. Por favor, déjeme adquirir un gusto por aquel shukta que usted comió y un gusto por el servicio devocional. Ambos son por demás amargos como para que yo pueda saborearlos con estos sentidos estropeados por vidas y más vidas comiendo cosas demoníacas.

126. La sandalia de Śrīla Prabhupāda y el mono



Śrīla Prabhupāda Uvāca 126
Noviembre de 1972; Vṛndāvana, India;
Templo de Rādhā-Dāmodara

Esta vez Śrīla Prabhupāda permaneció en un cuarto en el segundo piso del Templo de Rādhā-Dāmodara. No recuerdo la razón por la cual no se quedó en su habitual conjunto de dos cuartos en el primer piso. Su cuarto en el segundo piso tenía un gran balcón de concreto que estaba encima de su cuarto del primer piso. En Vṛndāvana la mayoría de los edificios están hechos de ladrillo y concreto, por lo tanto, los techos son superficies lisas de concreto que pueden tener muchas utilidades.

Los aposentos de Śrīla Prabhupāda del segundo piso tenían una sala y un cuarto, y su comitiva permanecía en otro cuarto separado. Śrīla Prabhupāda recibía su masaje en el balcón, frente a su cuarto, y los rayos del sol reflejaban en su brillante y dorada piel huntada con aceite de mostaza. Él me dijo: “Pon el balde con agua en el tejado. El sol ha de calentarlo”. Usando su lota y su gumpsa él tomaba su baño en el balcón con apenas ese único balde de agua. Śrīla Prabhupāda hacia de la cuestión de su manutención corpórea, algo muy simple. Después de tomar su baño volvía a su cuarto y vestía ropas limpias que había colocado en su cama antes del masaje. Hoy el clima es muy caluroso, por lo tanto, Śrīla Prabhupāda sólo vistió su dhoti, sin kurta.

Cierto día, algunos minutos antes de entrar en su cuarto para vestirse, lo oí protestando. Yo aun estaba en el balcón limpiando todo. Tan pronto como lo escuché, entré corriendo en el cuarto. La puerta de enfrente estaba abierta. Yo no tenía la menor idea de lo que pasaba y, a pesar de haber entrado corriendo, por la fuerza de la costumbre presté reverencias. Śrīla Prabhupāda estaba detrás de su mesa. En el momento en el que me incorporé, con prisa, y le miré, él tiró su bola de tilaka en dirección a mi cabeza. Era del tamaño de una bola de golf, y él la arrojó con la fuerza de un lanzador de béisbol. Le erró a mi cabeza por pocos centímetros. Me llevé un gran susto y estaba con miedo. Pregunté, “¿cuál es el problema?” Apuntando en dirección a mi cabeza gritó, “aquel mono robó mi zapato”. Me di vuelta a tiempo para ver a una de las bestias peludas de Vṛndāvana salir corriendo del cuarto, con la sandalia de Śrīla Prabhupāda en su mano.

Había muchos monos en esa parte del Dhama y ellos estaban siempre buscando alguna bolsa de cuentas, anteojos, u otros objetos valiosos para robar, los cuales usaban para cambiar por comestibles. Me sentí muy aliviado al saber que mi Guru Mahārāja había arrojado la bola de tilaka al mono y no a mí. Fue una experiencia extremadamente fuera de lo común, ver pasar una bola de tilaka cerca de mi cabeza de esa manera. Felizmente mi maestro espiritual tenía buena puntería.

El mono saltó hacia el tejado del cuarto de Śrīla Prabhupāda y esperó. Śrīla Prabhupāda dijo, “ese bribón tomó mi sandalia. Toma un poco de dulce y ven para afuera”. Yo tomé algunos dulces de leche del vidrio de encima del estante de Śrīla Prabhupāda y seguí a mi guru al balcón. Śrīla Prabhupāda llevó su bengala. El mono estaba sentado en el borde del techo con la sandalia en su boca esperando el inicio de las negociaciones.

El tejado estaba fuera de nuestro alcance, unos dos metros y poco de donde nosotros estabamos. Śrīla Prabhupāda comenzó a saltar para arriba y para abajo, amenazando al mono con su bengala. El mono parecía hasta gustar de la atención que estaba recibiendo. Él parecía no sentirse siquiera un poco amenazado, o preocupado con la posibilidad de que Śrīla Prabhupāda consiguiera tomar su sandalia. El diablillo peludo comenzó a balancear la sandalia, provocándonos. Śrīla Prabhupāda continuó saltando, intentando alcanzar al mono con su bengala y dijo, “estos monos son tan bribones”. El mono continuó provocándonos. Ahora estaba haciendo muecas. Era evidente de que se trataba de un profesional muy hábil en robar los bienes de otros para obtener un rescate. Era un ladrón experto, que sentía placer en hacer sus negociaciones bribonas.

Esa fue mi primera experiencia en ese tipo de combate y debo admitir que todo me pareció muy divertido. Listo para intervenir, dije: “Śrīla Prabhupāda, déjeme ver si consigo darle un dulce a cambio de la sandalia”. Śrīla Prabhupāda respondió, “Sí, intenta eso”. Con mi menospreciado líder a mi lado, cuidadosamente levanté mi mano con el dulce, esperando que el mono me diese aquella sandalia mágica a cambio. Como era de esperar, él intentó engañarme. Intentó tomar el dulce sin soltar la santa sandalia de Śrīla Prabhupāda. Intenté de nuevo. Ofrecí el dulce e hice una señal para que me diese la sandalia. El mono comenzó a darme la sandalia con una mano y a tomar el dulce con la otra. Convencido de mi éxito, estuve menos atento. Delante de mi guru estaba prematuramente orgulloso de mi éxito anticipado. Sin embargo, el mono me engañó, quedándose con el dulce y la sandalia. Infelizmente, el mono no se deshizo de la sandalia. Para mi vergüenza, yo conseguí perder tres dulces con el enemigo, sin siquiera estar cerca de tomar la sandalia de loto.

Entonces, el mono comenzó a masticar la suela de la sandalia a voluntad. Consiguió rasgar un pequeño pedazo y dejar varias marcas de dientes en ella. Śrīla Prabhupāda no lo encontró nada gracioso y dijo: “olvida esto. Ahora él estropeó el calzado”. Su Divina Gracia volvió a su cuarto y se preparó para el almuerzo. Yo comencé a seguirlo. Miré para arriba y vi al mono soltar la sandalia y huir. Imagino que él entendió que la sandalia no le servía de nada si no valía la pena para nosotros. Pensé que lo mejor sería tomar la sandalia y entonces llamé a Girisha, el hijo de Hayagriva, y le pedí que suba al tejado para tomar la sandalia de Śrīla Prabhupāda. Girisha tenía diez años de edad y estaba ansioso de ser útil.

Desde abajo, vi a Girisha tomar la sandalia. Cuando él estaba bajando, un grupo de monos sinvergüenzas aparecieron de repente y lo atacaron. Ellos le dieron un gran susto. Uno de los monos comenzó a amenazarlo. Girisha gritó, “Shrutalirti! Shrutakirti! Asustado, miré a mi alrededor y vi un pedazo de bambu. Lo tomé y se lo arrojé. Tan pronto agarró el pedazo de bambú y comenzó a amenazar a los monos con él, estos rápidamente huyeron. Girisha tomó la sandalia y corrió escalera abajo, con los monos tras de sí. Girisha heróicamente me entregó la sandalia.

Llevé la sandalia hasta Śrīla Prabhupāda dado que él la había usado por mucho tiempo y parecía agradarle bastante. Él tenía otra pero gustaba más de esas. Cuando le mostré la sandalia él dijo, “ah, no parece estar tan mal. Toma un poco de cola y ve si puedes arreglarla”. La llevé de vuelta a mi cuarto y la arreglé de la mejor manera posible. Corrí de nuevo al cuarto de Śrīla Prabhupāda con la sandalia remendada, presté reverencias, y le mostré mi trabajo. Con una sonrisa en su rostro y asintiendo con su cabeza en señal de aprobación dijo, “quedó bien. Aun puedo usarlas”.

Dos semanas más tarde estabamos en Hyderabat, en casa del Sr. Pithi, un miembro vitalicio muy rico. Cierto día el Sr. Pithi vio la sandalia de Śrīla Prabhupāda. Yo le expliqué lo que había ocurrido. Él dijo, “adoraría comprar nuevas sandalias para Śrīla Prabhupāda.” Le dije que era una buena idea. Él mandó a su empleado a comprar las sandalias. Cuando las nuevas sandalias fueron presentadas a Śrīla Prabhupāda él las aceptó cariñosamente, sin embargo, más tarde me dijo, “no puedo usarlas, están hechas de cuero.” Así que continuó usando su sandalia dañada durante varias semanas, hasta que llegamos a otro templo. Entonces, allí le compramos unas sandalias que le gustaban y él se deshizo de las que estaba usando. Su sandalia rasgada está hoy en la casa de Kirtiraja prabhu en Alachua. Están dentro de un muestrario de vidrio y son veneradas por sus curadores.

Śrīla Prabhupāda, es muy difícil de describir el inmenso placer que sentí aquel día, de pié a su lado, cuando usted intentaba acertar al mono con su bengala. Durante algunos pocos minutos estuvimos luchando con un enemigo común, en la tierra de Kṛṣṇa. Tal vez nunca más podré participar así de pasatiempos trascendentales, pero nunca olvidaré aquel día tan especial, pues durante algunos minutos usted me dejó participar de un juego muy divertido en Vṛndāvana Dhama. Rezo para que nunca me sea quitado el recuerdo de aquel día.

125. Misericordia por servir según el deseo de Śrīla Prabhupāda



Śrīla Prabhupāda Uvāca 125
Septiembre de 1973; Bombay, India;
ISKCON Juhu

Me he referido muchas veces a mi temor de ir a la India con Śrīla Prabhupāda, principalmente debido a la enfermedad recurrente que me dificultaba hacer el servicio. Las diferencias culturales también jugaban una parte principal en mi disgusto de viajar a esa parte tan diferente del mundo. Yo no era el único que sentía aversión por quedarme en la India. Fui testigo de muchos que vinieron a esta tierra Santa, solo para irse al poco tiempo, debido a un cúmulo de problemas que incluían la mala salud, la falta de facilidades, conflictos personales con la conducción y el shock cultural.

Fui testigo de dos discípulos veteranos de Śrīla Prabhupāda que también afrontaron su limitación personal en la tierra Santa. Los relatos de fructíferas oportunidades de prédica en Occidente, los atraían para volver a los Estados Unidos. La prédica a los miembros vitalicios potenciales, parecía penosamente lenta en India. Los indios nos decían que no les estábamos contando nada que ya no supieran, después de todo, ellos crecieron oyendo sobre Kṛṣṇa. Los miembros vitalicios decían a menudo, “Oh, sí, conocemos a Kṛṣṇa”.

Śrīla Prabhupāda a menudo ilustraba el punto, diciendo que era como si nosotros los occidentales, estuviéramos a 100 millas de distancia de Kṛṣṇa, pero que bajo su guía nos estábamos dirigiendo hacia el Señor. Los indios están a 10 millas de Kṛṣṇa, pero desafortunadamente, se estaban alejando de Él.
Nuestro problema era hallar un camino para hacerlos dar la vuelta, para que pudieran encaminarse “De Vuelta al Supremo”. A veces no era animado.

Unos pocos discípulos se hallaban en las habitaciones de Śrīla Prabhupāda, argumentando con él para volver a Occidente. Uno de ellos dijo, “Somos como los hombres de negocios, juntando dinero y haciendo miembros vitalicios”. En cierto sentido era correcto, pero la diferencia estriba en que lo hacíamos para Śrīla Prabhupāda y para Kṛṣṇa, no para nuestro provecho personal.

Śrīla Prabhupāda era sensible a su frustración, mas con una voz tensa les dijo, “Pero yo quiero que se queden aquí. El deseo de su maestro espiritual es que se queden aquí, eso es lo mejor”. Los argumentos continuaron.

Uno de los sannyāsis dijo, “¿Acaso no es servicio ir a predicar a América?”. En América la prédica es muchísimo mejor”. Yo me hallaba sentado a un costado, sorprendido por la intensidad de mis hermanos espirituales. Era muy raro de ver. Los discípulos de Śrīla Prabhupāda parecían agitados. Estaban determinados a irse de la India y Śrīla Prabhupāda parecía más determinado a que se quedaran. Era evidente que Śrīla Prabhupāda consideraba la labor de prédica en la India como de suma importancia. Fue una lección que aprendí en mi primer viaje a la India con mi Guru Mahārāja.

Previamente, en Enero de 1973, en el piso de Kartikeya Mahadevīa, ocurrió una acalorada discusión entre Śrīla Prabhupāda y algunos de sus discípulos. Los dos sannyāsis que argumentaban con Śrīla Prabhupāda, también estuvieron presentes en esa discusión. Era sorprendente ver la determinación de Śrīla Prabhupāda, así como su maestría para conducir a sus jóvenes discípulos en el servicio devocional.

Śrīla Prabhupāda estaba encolerizado porque había recibido informes que los miembros vitalicios estaban pagando dinero pero no recibían los libros que les habían prometido. No se controlaba con propiedad lo que se hacía. Las quejas de los miembros vitalicios le llegaban regularmente en el correo a Śrīla Prabhupāda. Les dijo a los discípulos en la habitación, “Si no pueden hacer bien las cosas, nos limitamos a empacar y nos vamos de la India. Esto no es bueno. Todo debe ser hecho con mucho cuidado”. Todos pudieron comprender lo importante que era el servicio de distribuir estas literaturas trascendentales para Śrīla Prabhupāda. En definitiva, queríamos sinceramente complacer a Su Divina Gracia, pese a todos los obstáculos que se nos pusieran por delante.

Hoy, nueve meses después, Śrīla Prabhupāda estaba nuevamente discutiendo con esos mismos dos sannyāsis antiguos, para que se quedaran en la India. Y no iba nada bien. Yo me hacía un ovillo en un ángulo de la sala, al ver lo desconcertado que estaba Śrīla Prabhupāda. También podía entender lo duro que era quedarse en la India. Śrīla Prabhupāda dependía de esos hombres para asistirlo en esta muy importante obra, mas ellos simplemente no podían seguir más. Fue un combate muy duro. Una negociación intensa era lo que cabía esperar entre pares, no entre el maestro espiritual y el discípulo. Śrīla Prabhupāda quería que se quedaran, y eso era terminante. Sus discípulos argumentaban que necesitaban salir de la India para predicar. En ese momento había en Occidente un campo de prédica fértil. Finalmente, con aparente disgusto, Śrīla Prabhupāda dijo, “Está bien, limítense a cantar sus dieciséis rondas, sigan los cuatro principios regulativos y hagan cualquier cosa maldita que se les ocurra”.

Así fue como esta extraña conversación llegó a su fin. Nuestro muy magnánimo líder les dio permiso para servirlo, como fuera que pudieran. Fue evidente una vez más que Śrīla Prabhupāda nos consideraba a todos como voluntarios de su ejército trascendental. Depende de nosotros decidir cuán rápidamente obtenemos la misericordia y avanzamos por servir a nuestro maestro espiritual conforme a sus deseos. Elegimos a diario qué queremos hacer y cuánto queremos hacer en el servicio de nuestro Guru Mahārāja.

Una vez en sus habitaciones de Nueva Dvārakā, Śrīla Prabhupāda dijo, “En definitiva, todos debemos pilotear nuestro propio avión”. Śrīla Prabhupāda, aún estoy tratando de hallar mi camino de regreso al aeropuerto. Sin usted delante mio, es muy difícil encontrar el camino de vuelta. Usted nos ha dado todas las herramientas necesarias para ocuparnos en el servicio devocional, pero no creo estar calificado para pilotear mi propio avión de vuelta a Kṛṣṇa. Permítame servir a quienes están calificados para volar en su propio avión “De Vuelta al Supremo”. Ruego por que me permita ser su asistente de vuelo, mientras viaja alrededor del universo, liberando a las almas condicionadas.

124. Śrīla Prabhupāda se asegura de que yo esté sano y feliz



Śrīla Prabhupāda Uvāca 124
Marzo de 1975; Māyāpur, India;
ISKCON Māyāpur Candrodaya Mandir

Han pasado más de dos semanas desde que Śrīla Prabhupāda me animó a acompañarlo en su recorrido por India. Hay muchas lecciones valiosas por delante. Como he mencionado, probablemente demasiadas veces, yo temía ir a la India debido a las enfermedades. Durante mi primer viaje a la India con Śrīla Prabhupāda en 1972, contraje ictericia, malaria, colitis y por supuesto disentería, todo en los dos primeros meses. Los efectos habían continuado persistiendo y mi salud era de alguna manera frágil. El recorrido de Śrīla Prabhupāda por la India, duró unos dos meses y debido a la misericordia de mi amado Gurudeva, estuve sano todo el tiempo.

Me turba hablar sobre mis actividades, pero debo hacerlo, porque Śrīla Prabhupāda personalmente veló porque recibiera todo lo que necesitaba para estar sano. Comía frutas frescas, yogur y queso hecho de leche de vaca. Además, vegetales hervidos y arroz. Para el desayuno, también harina de avena. Por supuesto solía comer los remanentes de Śrīla Prabhupāda toda vez que tenía la oportunidad. Él me preguntó en diferentes ocasiones si tomaba bastante leche fresca de vaca y tenía suficiente fruta para comer. Decía a mataji que arreglara su comida, para ver que yo tuviera lo que quería. No quiero parecer ofensivo pero Śrīla Prabhupāda me alimentó, no como un padre sino como una madre amorosa e interesada. Él se preocupaba y se preocupa mucho por todos nosotros. Me avergüenza decir que nunca merecí ese favor trascendental.

La maravillosa cualidad de misericordia compasiva de Śrīla Prabhupāda, no era solo para mí. Él amaba a todos sus discípulos. Al llegar al Kṛṣṇa Balarāma Mandira para la apertura del templo, llamó a los líderes a su habitación y preguntó, “¿Cómo los están atendiendo a todos? ¿Tienen leche de vaca para beber? Deben tener leche de vaca. No deben beber leche de búfalo”. No puedo enfatizar lo suficiente las muchas veces en que Śrīla Prabhupāda habló de la importancia de servir un buen prasādam a los devotos. Una de las primeras lecciones que Śrīla Prabhupāda me enseñó, fue que toda visita debía tomar prasādam antes de retirarse, aunque fuera un pedacito de fruta.

Durante el stava, el festival de apertura del Kṛṣṇa Balarāma Mandira, los devotos se quedaron en varias casas de invitados cerca del templo, puesto que no había suficiente espacio en el templo. Śrīla Prabhupāda les dijo a los encargados, “Asegúrense que los devotos estén bien instalados, no deben estar incómodos”. Era encantador observar a una persona Consciente de Kṛṣṇa en acción. Śrīla Prabhupāda estaba en pleno conocimiento de todo lo que sucedía a su alrededor y todo lo que no sucedía. La genuina atención amorosa de Śrīla Prabhupāda influenciaba al máximo a todos los devotos.

Śrīla Prabhupāda se aseguró que todos en su entorno recibieran todo lo que necesitaran y tomaran buen prasādam. Les dijo a los líderes que se aseguraran de que todos los que estaban a su cargo recibieran lo mismo. Nunca oí a Śrīla Prabhupāda decir a nadie que comía demasiado. Sin embargo, era común que Su Divina Gracia dijera a sus discípulos que se levantaban demasiado tarde, si es que no lo hacían a tiempo para recibir los beneficios espirituales del Brāhma Muhūrta.

Śrīla Prabhupāda, usted siempre sentó el ejemplo perfecto, mostrándonos la forma de obrar en todas las circunstancias. Cuando estaba enfermo, continuaba con su servicio sin quejarse, mas cuando yo me quejaba de la enfermedad, usted atendía compasivo mis deseos. Le debo mi vida y más aún. Usted aceptaba lo que fuera que Kṛṣṇa planteara para sus discípulos y se esforzó por brindarles todas las comodidades a las que ellos estaban acostumbrados. Usted se complacía en ver a sus discípulos felizmente ocupados en el servicio devocional, libres de ansiedad. Por favor, bendígame con el deseo de tratar a mis hermanos y hermanas espirituales con el mismo amor y cuidado que usted dispensó sobre ellos.

123. Orgullo espiritual



Śrīla Prabhupāda Uvāca 123
Orgullo Espiritual

Un devoto receptivo puede aprender muchas cosas, sentándose y observando tranquilo a Śrīla Prabhupāda. He mencionado anteriormente la forma en que él se sentó muy derecho en su jardín de Nueva Dvārakā un día, diciendo, “El devoto está orgulloso de ser el sirviente de Kṛṣṇa”. Esta fue una lección muy importante para mí, porque equilibrar la humildad con el orgullo de ser el sirviente de Kṛṣṇa es un poco confuso.

Yo era de alguna manera tímido en la ejecución de mi servicio, cuando el mismo implicaba pedir ayuda o algún servicio de la gente fuera de la comunidad de devotos. Yo confundía la humildad devocional con la aprensión física material. Pude haber estado orgulloso de ser el sirviente de Kṛṣṇa, el sirviente de Prabhupāda, en vez de ello, me llenaba de disculpas. Negaba el orgullo, no realizando que estaba mal dirigido. Ilusionado, pensaba que necesitaba exudar humildad.

Śrīla Prabhupāda personificaba adorablemente el orgullo de ser el sirviente de Kṛṣṇa. A veces, cuando regresaba a su sala de estar después de un programa de la mañana, se dirigía a mí y con una sonrisa en la cara decía, “¿Grabaste la clase de hoy?”. -Yo contestaba, “Sí, Śrīla Prabhupāda”. Él continuaba, “Ponla, quiero oírla”. Otras veces, sentado detrás de su escritorio en su habitación, cuando los devotos entraban a la misma, él se sonría y decía, “¿Así pues, la clase estuvo bien hoy?”. Por supuesto sus discípulos siempre respondían con entusiasmo, acariciando cada palabra que salía de los labios de loto de su maestro espiritual. Los devotos reconocieron mensajes especiales dentro de algunas de sus clases, en las cuales incluso la más insensible de las entidades vivientes podía entender el punto que Śrīla Prabhupāda continua y claramente exponía.

Tal parecía que Śrīla Prabhupāda se enorgullecía de determinadas clases. En mi experiencia, cuando demolía la filosofía Māyāvādī, lo disfrutaba inmensamente. El presentaba orgulloso a Kṛṣṇa a todos, derrotando sonoramente sus argumentos falsos. Estaba muy orgulloso que Kṛṣṇa fuera su Señor y Amo.

Śrīla Prabhupāda expresaba asimismo orgullo en la relación con sus discípulos. Una hermosa tarde de Julio de 1973, Śrīla Prabhupāda se sentó en el jardín de Bhaktivedanta Manor con algunos de sus discípulos e invitados indios. Yo leía 'Los Cinco Aspectos del Señor Caitanya' una temprana y parcial edición del Śrī Caitanya caritāmṛta. Lo hacía lo mejor que podía, tratando de pronunciar el bengalí, usando la transliteración. Para mi sorpresa, después de leer por diez minutos, Śrīla Prabhupāda dijo, “Vean qué bien que pronuncia el bengalí. Aunque nunca ha leído en bengalí en toda su vida, con este método puede pronunciarlo muy bien”.

Muchas veces Śrīla Prabhupāda elogiaba a sus discípulos occidentales delante de la comunidad India. El concretaba muchas cosas por así hacerlo. Alentaba a sus discípulos a progresar en la Conciencia de Kṛṣṇa. Alentaba a la comunidad India, a tomar más seriamente lo que para ellos era su derecho de nacimiento. Nos mostraba a todos que por la misericordia de Guru y Gauranga y la potencia del Santo Nombre, hasta los mlecchas y yavanas podían avanzar en la vida espiritual. Śrīla Prabhupāda siempre concedió el crédito de todos sus logros a la potencia del Nombre del Señor y a su Guru Mahārāja. Una vez, en sus habitaciones de Nueva Dvārakā, me dijo, “Ustedes, chicos y chicas occidentales, se han intoxicado mucho. De no ser por el Mahā mantra, no podrían hacer nada”.

En Mayo de 1975, en Perth, Australia, Śrīla Prabhupāda conversaba con un profesor. Śrīla Prabhupāda hablaba con mucha fuerza sobre las diferentes clases de seres humanos. Paramahāmsa Mahārāja y yo estábamos sentados en la habitación, saboreando las expresiones de nuestro maestro espiritual al ligeramente receptivo caballero, en el sentido de que todos eran personas de cuarta categoría. Śrīla Prabhupāda miró al profesor y dijo, “Usted también es un hombre de cuarta clase”. El caballero replicó, “Bueno, ¿qué le voy a hacer?”. Śrīla Prabhupāda respondió con energía, “¡Usted debe volverse un devoto puro como ellos!”. Al terminar la oración, nos señaló a Paramahāmsa y a mí, como ejemplos de sus devotos puros. Mi Hermano Espiritual y yo nos miramos y sonreímos ampliamente. Sabíamos que no éramos puros, pero amamos el ser empleados como ejemplos por nuestro queridísimo maestro espiritual. Sabíamos que Śrīla Prabhupāda nunca diría jamás, “Vuélvete un devoto puro como yo”. Esa es una de las hermosas cualidades de mi maestro espiritual, el devoto puro del Señor.

Śrīla Prabhupāda, todo lo que he logrado en esta vida se debe solamente a su misericordia sin causa. Siempre estoy consumido por el orgullo falso, pero mi mayor orgullo, bien situado, es identificarme como su sirviente. Usted es mi Señor y estoy muy orgulloso de ser su sirviente. Oro por siempre permanecer como tal. Por favor, concédame la inteligencia para no olvidar nunca mi posición eterna. Aunque no tengo calificación, tengo fe en sus palabras, cuando nos señaló a Paramahāmsa y a mí. Sé que nos bendijo a ambos para alcanzar el servicio devocional puro en esta vida o en alguna vida futura. De su boca, a los oídos de Kṛṣṇa. ¡Todas las glorias a usted, Śrīla Prabhupāda!”. 

122. Śrīla Prabhupāda me quiere como su sirviente



Śrīla Prabhupāda Uvāca 122
3 de marzo de 1975; Dallas, Texas, EUA;
ISKCON Dallas

Śrīla Prabhupāda viajaba rápidamente por el mundo occidental. Normalmente, pasaba solo unos pocos días, o a lo sumo una semana visitando cada templo. Los dos lugares que bendijo con su divina asociación por períodos prolongados, fueron Nueva Dvārakā en Los Ángeles y Nueva Navadvīpa en Hawai.

Tras visitar el yātrā de Atlanta por dos días, Śrīla Prabhupāda y su entorno prosiguieron hasta el centro de Dallas, deteniéndose por otros dos días. Mi mente estaba fija en el acuerdo pactado con Paramahāmsa Swami, que yo volvería con mi esposa e hijo en Hawai, antes de que Śrīla Prabhupāda partiera hacia la India. Una parte mía añoraba el confort de la sociedad, la amistad y el amor que ofrecía la vida familiar. Otra parte mía estaba asolada por la culpa por querer dejar a mi amado Guru Mahārāja. Con un corazón inquieto, me resultaba duro sentarme solo en las habitaciones de servicio, hora tras hora, día tras día, esperando ser llamado. Mis sentidos se agitaban, impulsándome a presionar a Paramahāmsa Mahārāja a la acción.

Hablé con Paramahāmsa puesto que el centro de Dallas era el templo más cercano a Nanda Kumara en L.A. Le dije que era tiempo de implementar el intercambio entre Nanda Kumara y yo. La siguiente parada de Śrīla Prabhupāda antes de partir para la India, era Nueva York. Yo temía ir a la India; generalmente resultaba en una enfermedad aguda. Quería estar seguro que se hicieran los arreglos concretos. Era una simple cuestión de arreglar el vuelo de Nanda Kumara a Nueva York y mi vuelo directamente de Dallas a Hawai.

Más tarde, esa mañana, mientras friccionaba enérgicamente a Śrīla Prabhupāda, Paramahāmsa Mahārāja, el secretario de Su Divina Gracia, entró a la habitación y ofreció reverencias. Él dijo: “Śrīla Prabhupāda, ¿debemos mandar a llamar a Nanda Kumara en Los ´Sngeles? ¿No debería venir para reemplazar a Śrutakīrti? Nanda Kumara puede comenzar a ser su sirviente mientras nos dirigimos a la India. ¿Lo implementamos?”.

Para mí era el momento de la verdad. Estaba en gran ansiedad y esperé la respuesta de Śrīla Prabhupāda. No sabía qué esperar, pero comprendía que cualquier cosa era posible. Era curioso cuán a menudo se habían tomado muchas decisiones mientras friccionaba la espalda de Śrīla Prabhupāda, incapaz de ver las expresiones de su hermosa cara dorada. Me senté con las piernas cruzadas detrás de Śrīla Prabhupāda, restregando vigorosamente, conteniendo el aliento. Mi espera pasó rápido.

Śrīla Prabhupāda replicó, “Yo no estoy muy ansioso por que Nanda Kumara venga conmigo. Es demasiado caprichoso. Pasará alguna mujer y él se irá tras ella. Y luego, terminado. Todo habrá terminado. Él es muy bueno, está muy calificado, pero es demasiado caprichoso. Se cruzará una chica en su camino, y luego, terminado. Él se irá”.

Paramahāmsa, sentado enfrente de Śrīla Prabhupāda dijo, “Bueno, Śrīla Prabhupāda, ¿qué haremos? ¿Śrutakīrti debe venir a la India?”. Pasaron tres segundos hasta que Śrīla Prabhupāda contestó. Era como si esperara que yo dijera algo. Me estaba dando la opción. Mi ambivalencia me mantuvo callado. Tuve un sudor frío al realizar que pese a mi aprensión, lo más probable es que tuviera que volver a la India con mi amado Śrīla Prabhupāda.

Śrīla Prabhupāda dijo casualmente, “Sí, que venga”. Una vez más Śrīla Prabhupāda muy misericordiosa y gentilmente me daba otra oportunidad de hacer una elección. Mi corazón se derritió, ¡mi Guru Mahārāja quería que fuera con él! ¡Mi amado Guru Mahārāja me necesitaba! Śrīla Prabhupāda me hizo sentir heroico, de modo que accedí audazmente ir a la India. Eso fue todo lo que se habló durante el resto del masaje. Paramahāmsa ofreció reverencias y salió de la habitación. Yo continué dando el masaje a mi amado maestro espiritual, hasta que él me dijo que me detuviera.

Regresando a las habitaciones de servicio, me reí mucho con mis hermanos espirituales. En el fondo yo sabía que esto iba a pasar. Luego que Śrīla Prabhupāda tomara esa decisión, sentí un gran alivio. ¡Algo muy especial había ocurrido! ¡Śrīla Prabhupāda expresó que le gustaba tenerme como sirviente! Tal vez suene tonto, pero para mí significaba mucho. Śrīla Prabhupāda nunca hablaba demasiado sobre lo que yo hacía día tras día. Él era trascendental, servía al Señor Supremo y aceptaba todas las situaciones como la misericordia del Señor. Hoy dijo que quería que fuera con él. Śrīla Prabhupāda pasó mucho tiempo entrenándome y estaba complacido con los resultados. Era un buen sentimiento. Śrīla Prabhupāda siempre me hizo saber que apreciaba lo que yo hacía, y hoy lo confirmó.

A veces los devotos preguntan sobre la naturaleza de un sirviente personal de primera clase. Pensándolo, creo que un buen sirviente asiste invisiblemente, anticipándose a las necesidades del amo, satisfaciéndolas sin que se lo pidan. Un buen sirviente personal no pide demasiado a cambio, tampoco necesita mucho aliento o la resolución de muchos problemas. Un buen sirviente personal no fabrica preguntas, y solo habla cuando tiene que hacerlo. Un buen sirviente personal no manipula al amo. Ellos hacen su servicio y se apartan. Un buen sirviente personal solo da su opinión cuando se la piden. Todas las preguntas las hace con sinceridad y sumisión. Un buen sirviente personal es influenciado por el Guru y busca de no interferir en la misión del Guru.

Me hizo sentir maravilloso el saber que usted me quería. Ahora solo siento tristeza porque mi deseo no fue lo bastante fuerte como para quedarme con usted. Śrīla Prabhupāda, me lamento cada día y los remordimientos me carcomen. Soy la persona más desafortunada del planeta. Usted nunca me despidió, empero, yo lo dejé. Al tener una visión limitada, pensé neciamente que usted estaría siempre con nosotros en su vapu. Por favor, perdóneme por mi ignorancia. Oro por que me permita su darśana nuevamente. Estoy en el infierno, solo y perdido, sin ver su sonrisa y el roce de sus sedosos y suaves pies de loto.

121. Śrīla Prabhupāda me da su manta y su suéter



Śrīla Prabhupāda Uvāca 121
Diciembre de 1974; Los Angeles, CA, EUA;
ISKCON Nueva Dvārakā

Una noche muy fría en Nueva Dvārakā, encendí la estufa a gas de dos quemadores en las habitaciones de servicio, para entibiar la habitación, y así poder dormir esa noche. Fue útil porque yo dormía en una estera de paja y usaba mi chaddar como manta. Trataba de mantener el mínimo de parafernalia porque así era más fácil viajar alrededor del mundo con Śrīla Prabhupāda y solo unas pocas pertenencias. A veces, usaba una maleta para Su Divina Gracia y otra más pequeña para mí, pero la mayoría de las veces me las arreglé para guardar las pertenencias de ambos en una sola maleta grande.

Śrīla Prabhupāda lo observó durante la noche, y a la mañana siguiente, temprano, me llamó a su habitación. Ofrecí reverencias y miré a mi misericordioso guru. Él dijo, “¿Porqué mantienes la estufa de noche?”. Le expliqué que el calor del fuego me ayudaba a dormirme, puesto que hacía tanto frío.

El dijo, “¿No tienes una manta?”. - “No, Śrīla Prabhupāda” -dije. Por lo general no necesito de una”. Él replicó, “Está bien, ve a mi armario y toma una manta y el suéter que quieras”. Corrí entusiasmado hacia el armario metálico en su dormitorio. Tras mirar las cuatro frazadas dobladas prolijamente en el estante, tomé la más gruesa y colorida que pude hallar. Luego, tomé uno de sus suéters azafrán. Regresé a la sala de estar de Śrīla Prabhupāda para mostrarle mis elecciones. El sonrió aprobando, y asintió con la cabeza, diciendo, “Está bien, ahora puedes irte”. Ofrecí reverencias y caminando en el aire, salí de la habitación considerándome el alma más afortunada del mundo.

Usé la manta cada noche, sintiéndome envuelto en el amor de Śrīla Prabhupāda. Me mantuvo espiritualmente cálido. Un día en que estaba hablando con uno de mis amigos, Brahmapura prabhu, el me preguntó si quería descansar en la sala del templo esa noche con algunos de los otros devotos. Estuve de acuerdo. Siempre solo, me sonaba a algo de aventura. Cuando fui a la sala del templo, llevé mi brillante y hermosa manta conmigo. Tenía una brillante terminación de un lado y otra terminación más suave aún del otro. Al entrar a la sala del templo, los ojos de Brahmapura se abrieron grandes mientras exclamaba, “¿Dónde conseguiste eso?”. Le dije, “Śrīla Prabhupāda me lo dio”. Al decirlo, me sentí culpable por ser el dueño de algo tan invaluable y dije, “¿La quieres?”. Él dijo ansiosamente, “Sí”. De modo que se la di.

Una semana después, mientras me hallaba descansando en las habitaciones de servicio, Śrīla Prabhupāda notó que no tenía la frazada. Preguntó, “¿Dónde está la frazada que te di?”. Sintiéndome avergonzado, respondí despacio, “Uno de los devotos la vio y cuando le dije que era suya se excitó tanto que tuve que dársela”. Él replicó calmadamente, “Está bien, consíguete otra frazada”. Un poco más emocionado añadió, “Y esta vez no la regales”. Nuevamente cumplí con su generosa instrucción y me proporcioné otra manta prasādam.

En unas cuantas ocasiones, cuando teníamos frío, Śrīla Prabhupāda me daba sweaters. Sin embargo, nunca me guardé ninguno. Inevitablemente un devoto descubría que eran los remanentes de Śrīla Prabhupāda y yo me sentía de alguna manera egoísta y lo regalaba. Mis hermanos espirituales apreciaban mucho el prasādam de Śrīla Prabhupāda. Mientras viajé con Śrīla Prabhupāda, me guardé muy poco para mí. No creía que fuera práctico tener demasiadas pertenencias. Yo era el impráctico, pero en esa época no lo realizaba.

Śrīla Prabhupāda, usted exhibe una completa fe en el Señor Supremo en todos sus actos. Muy a menudo nos decía que si nos ocupamos completamente en el servicio de Kṛṣṇa, todas nuestras necesidades serían provistas. Yo lo experimenté en incontables ocasiones, mientras realicé servicio personal para usted. No había necesidad de hacer un esfuerzo por separado. Su sencillez era ejemplar. “Lo que hacen los grandes hombres es imitado por los hombres comunes”. La vida es una lucha cuando olvido servir a sus pies de loto. Oro por su misericordia sin causa para poder servirlo eternamente sin pensar en mi comodidad personal.

120. Śrīla Prabhupāda me da sus zapatos



Śrīla Prabhupāda Uvāca 120
1 de marzo de 1975; Atlanta, Georgia, EUA;
ISKCON Atlanta

Paramahāmsa, Nitāi y yo también recibimos tesoros únicos durante nuestra estadía en Atlanta. Cuando Śrīla Prabhupāda llegó a Atlanta, el clima era algo fresco. Los devotos le presentaron a Śrīla Prabhupāda algunos zoquetes abrigados y un par de alpargatas. A la mañana siguiente, antes de salir, asistí a Śrīla Prabhupāda, calzando sus dedos trascendentales en su nuevo par de zapatos con su bendito calzador. Luego de su caminata y del programa de la mañana, Śrīla Prabhupāda hizo sonar su campanilla. Me abrí paso hasta sus habitaciones y ofrecí reverencias. Me incorporé y miré a Śrīla Prabhupāda. Él dijo, “Estos zapatos no me van, úsalos tú”. De inmediato repliqué, “No puedo usar sus zapatos, Śrīla Prabhupāda. Sería ofensivo”. El replicó gentilmente, “Si yo digo que lo puedes hacer, entonces está bien”.

¡Yo estaba maravillado! Śrīla Prabhupāda siempre estaba lleno de sorpresas, pero nunca me hubiera imaginado ésta, ¡caminar en los zapatos de mi Guru Mahārāja! Como un chico, me iba emocionando cada vez más con la idea de caminar en los zapatos de mi maestro espiritual. Sabía que no se deben usar los zapatos del Maestro Espiritual, y eso tornaba la idea más intrigante. ¡Mi noción era controvertida! ¡Me gustaba! Tenía una fe firme en que cuando Śrīla Prabhupāda decía algo, estaba todo definitivamente bien, de modo que estaba a salvo y emocionado, sabiendo que sus zapatos estaban llenos de una potencia increíble. Sonriendo, accedí a tomar su calzado. La generosidad de Śrīla Prabhupāda continuó fluyendo en mi dirección. El preguntó, “¿Necesitas algunos zoquetes?”. Tuve que admitirlo, aunque denotaba cierta gula el aceptar regalos del maestro espiritual, lo disfruté completamente. Con deseo creciente, respondí encantado aunque algo avergonzado, “Sí, creo que sí”. Él dijo, “Está bien, toma algunos zoquetes para ti y dale algunos también a Paramahmsa y Nitāi”.

Cumplí feliz con sus instrucciones. Ofrecí reverencias, llené mis brazos con sus zapatos y algunos zoquetes y salí de la habitación. Lo primero que hice fue correr a un sitio aislado, como un chico traviezo, y traté de colocar mis pies en su calzado trascendental. Tal como la malvada hermanastra, mis pies eran demasiado grandes para adecuarse a los zapatos de Su Divina Gracia. Insistiendo, seguí tratando de calzar mis pies en los mágicos zapatos de Śrīla Prabhupāda. Finalmente comprendí la profunda lección. Nunca podría caminar en los zapatos de Śrīla Prabhupāda, ni práctica ni simbólicamente.

Traviezo como soy, desafortunadamente no asimilé la profundidad de este mensaje. Mi pícara naturaleza me hizo correr hasta mis Hermanos Espirituales y les entregué caprichosamente los zoquetes de Śrīla Prabhupāda, explicando que él quería que los tuvieran. Ellos se resistieron, retándome por mi conducta inapropiada. Reaccionaron exactamente como yo había previsto. Les hice bromas y confiado trasladé la bendición de Śrīla Prabhupāda, pese a sus sentidas objeciones. La controversia fue confirmada por sus críticas y suavizó la aventura. Contento, les garanticé que Śrīla Prabhupāda había dado su conformidad personal. Podían descansar tranquilos que Śrīla Prabhupāda había puesto su sello de aprobación y estaba bien si los usaban. Al oírlo, ellos me quitaron excitados los zoquetes de mis manos y se los pusieron felices para calentar sus dedos fríos.

Śrīla Prabhupāda utilizaba personalmente todo en el servicio de Kṛṣṇa o empleaba a otros en ese principio de utilidad trascendental. Así pues, tratando de seguir sus pasos, no sus zapatos, rápidamente capté que los zapatos no me cuadraban. La siguiente vez que vi al presidente del templo, le expliqué que los zapatos no le iban bien a Śrīla Prabhupāda, y que él podía tenerlos.

Los tomó y los colocó al pie de la vyāsāsana de Śrīla Prabhupāda. Turbado, no pude decirle que los había transpirado yo, pero me consolé sabiendo que no es posible contaminar nada que entró en contacto con nuestro maestro espiritual puro.

Śrīla Prabhupāda, usted ha derramado mucha misericordia sobre mí. A menudo oí que, 'la familiaridad engendra el desdén'. Sé que fui siempre ofensivo, no asimilando completamente su gloriosa presencia, mas contrariamente a las relaciones materiales, cuanto más me bendecía usted con su asociación, más aprecié yo su grandeza.

Usted expresa continuamente su amor a todos aquellos con quienes se encuentra. Usted reciproca con afecto genuino. A medida que usted expresaba cálidamente su amor por sus discípulos, me fui encantando y apegando cada vez más a usted. Usted encarna todo lo que predica. Usted brinda libremente su amor espiritual a todos. Puesto que su amor es inmotivado e incondicional, nunca disminuye ni se abarata. Su amor cruza el tiempo y el espacio para tocar los corazones de todo aquel lo bastante afortunado para recibir su literatura trascendental. Usted está siempre cerca de los corazones de sus fieles discípulos, quienes se adhieren a su Bhagavat vāṇī. Por favor perdóneme por pensar que yo podía caminar en sus zapatos. Nadie se compara a usted. Debería haberlo sabido mejor. Aunque sus zapatos nunca serán adecuados para mí, oro por que algún día pueda yo seguir esos pasos divinos que usted ha colocado claramente ante mí.