118. Kṛṣṇa y Arjuna en el carruaje; ¡Uno debe rendirse completamente!



Śrīla Prabhupāda Uvāca 118
25 de febrero de 1975; Miami, Florida, EUA
ISKCON Miami

Śrīla Prabhupāda llegó hoy a Miami después de dos semanas maravillosas en las ciudades de México y Caracas, Venezuela. Se quedó en una casa adyacente al templo. La casa era normalmente la residencia de una pareja casada. Había láminas de pinturas devocionales de los libros de Śrīla Prabhupāda en las paredes. Mientras Śrīla Prabhupāda y yo caminábamos por la casa juntos, el observó un póster en particular en la pared. Kṛṣṇa estaba sentado en el carro y Arjuna estaba parado detrás Suyo, con su mano izquierda tocándose la frente. Arjuna tenía un aspecto de gran aflicción (Lámina 5, Bhagavad Gita Tal Como Es).

Śrīla Prabhupāda comenzó a reír, y me explicó, “Sí, esta lámina, me gusta mucho esta lámina. Este cuadro es muy instructivo”. Sin notar ninguna relación con mi propia situación en la vida, pregunté ingenuamente, “¿Qué es, Śrīla Prabhupāda?”. Conociéndome completamente, él replicó, “Bien, Kṛṣṇa le está diciendo a Arjuna, 'Debes abandonarlo todo'. Él le está diciendo a Arjuna, 'Abandona a toda tu familia, abandona todo por Kṛṣṇa, debes matar a los miembros de tu familia'. Ese es el punto. Uno tiene que estar dispuesto a dejarlo todo por Kṛṣṇa, y hacer lo que Kṛṣṇa desea. Debes estar preparado a abandonar esposa, hijos, todo. Uno tiene que estar listo a matar a sus parientes, si Kṛṣṇa lo desea, qué decir de abandonarlos. Si Kṛṣṇa quiere, matas a tus parientes. Eso es un devoto. Un devoto está preparado a matar a sus parientes por Kṛṣṇa. Así pues, en este punto, Arjuna está dispuesto, tiene que aceptar, luego todo estará bien. Como devotos, debemos ser capaces de abandonar todas estas relaciones familiares”.

En ese punto, me abrumé con mi propia turbulencia interna, pues aún me seguía considerando un recién casado con un maravilloso bebé varón. Comenzaba a embarcarme en la vida familiar, y ciertamente no estaba listo para abandonarlos, mucho menos matarlos. Este punto de rendición era sumamente extremo. Me auto-concedí que aún no era capaz de entender. Con el peso de mi propia ignorancia, bajé la vista al suelo y respondí tranquilo, “Sí, Śrīla Prabhupāda”.

Tras explicar el cuadro, Śrīla Prabhupāda continuó por la casa. Yo comencé a desempacar su maleta, considerando su valiosa instrucción. Añoré la comodidad del apego familiar. Me atormentaba el hecho que había dejado a mi esposa joven y a mi hijito.

La forma en que Su Divina Gracia me habló a la entrada de la casa, explicando el dilema de Arjuna, fue completamente objetiva. Śrīla Prabhupāda fue muy experto y maravilloso a la vez que me instruyó directamente. Él no me estaba diciendo que abandonara a mi familia. Él me estaba persuadiendo gentilmente para que arribara a mi propia conclusión. En su voz no hubo una indicación que era de aplicación exacta en mi caso. Empero, para mí fue obvio que así era. Yo estaba apegado y determinado a quedarme con mi familia. Śrīla Prabhupāda me preparó filosóficamente para tomar la decisión más importante de mi futuro inmediato.

Me había enrolado en el ejército de Prabhupāda y Kṛṣṇa. En lugar de señalar al Tío Sam en la cartelera, Prabhupāda señaló diciendo, “¡Kṛṣṇa te quiere!”. Estábamos en guerra con māyā. Śrīla Prabhupāda, nuestro comandante en jefe nos convocó para implementar medidas de emergencia. Como soldados voluntarios, esto requería de un gran sacrificio personal. Podíamos optar por trabajar en el frente, predicando, o involucrarnos en los cuadros de apoyo. En mi caso, se trató de servir personalmente a Śrīla Prabhupāda y para muchos otros, fueron largas horas de sankīrtana.

De alguna manera harto de luchar con māyā, supe que la guerra nunca terminaría. De un modo u otro realicé que hacer una estocada de rendición no era suficiente. La panacea mágica para mitigar toda la tensión mediante una total e instantánea Conciencia de Kṛṣṇa, ya no me parecía posible en mi caso. Podía optar por elegir maravillosamente y quedarme bien situado a los pies de loto de Śrīla Prabhupāda, pero eso no significaba que mi mente quisiera ser tomada como rehén por mi inteligencia. Mi inteligencia batallaba a diario con mi mente rebelde. En el pasado, esa lucha había causado que sucumbiera a la enfermedad.

Estaba seguro que a mi familia no le faltaba nada en el Templo de Hawai. No era como si los hubiera abandonado. Fui simplemente convocado en una gira de deber eminente. Solo había estado con Śrīla Prabhupāda dos semanas, después de salir de Hawai. Me consolaba pensando que cuando Su Divina Gracia saliera de los EE.UU, estaría de nuevo en los amorosos brazos de mi familia. Al fin y al cabo, el acuerdo hecho con Paramahāmsa Swami, el secretario de Prabhupāda era que Nanda Kumara sería el sirviente de Śrīla Prabhupāda en su recorrido por la India. Yo estaba muy apegado a ese arreglo.

Sin embargo, Śrīla Prabhupāda parecía estar preparándome para más servicio amoroso trascendental, instruyéndome a otro nivel. Me estaba dando la oportunidad de rendirme a Kṛṣṇa y quedarme como su sirviente personal. Tal parecía que me estaba diciendo que yo debía abandonar mi apego por mi familia y continuar siendo su sirviente personal. El no volvió a decir nada sobre eso mientras estuvimos en Miami. Por aprensión, yo tampoco volví a sacar el tema.

Siempre cien por ciento Consciente de Kṛṣṇa, Śrīla Prabhupāda presionaba enseñándonos la rendición a Kṛṣṇa, declarando la guerra a māyā. Por otro lado, yo no era Consciente de Kṛṣṇa. Tenía vislumbres, pero no una visión real. Para mí era duro quedarme en el fuego de la Conciencia de Kṛṣṇa. Era duro quedarme en el frente. Estaba cansado y necesitaba cierto alivio, alguna gratificación de los sentidos. Necesitaba rápido hacer algo por el dolor de negar mis sentidos. Emergió mi adicción por el placer independiente. Aunque muy aliviados por estar con Śrīla Prabhupāda, mis sentidos siempre se agitaban. Siempre estaba buscando alguna forma de apaciguarlos. Recuerdo que, no importa donde estuviéramos, siempre estaba ansioso por ir al siguiente templo. Incapaz de sosegarme donde me encontrara, me prometía siempre a mí mismo que la satisfacción se hallaba a la vuelta de la esquina. De modo que estaba listo para dar el paso.

Por una u otra razón, pese a mi naturaleza transitoria, Śrīla Prabhupāda estaba satisfecho conmigo como su sirviente. Este es un factor muy importante. Śrīla Prabhupāda estaba satisfecho con lo que fuera que Kṛṣṇa proveyera. Por fortuna, él no me abandonaba a mí. Pese a mis muchos vaivenes, nunca me pidió que dejara su servicio personal y fuera a hacer algo más. Me permitió quedarme a sus pies de loto y prestar servicio íntimo, sin importar cuán perturbada estuviera mi mente. Me solacé friccionando los suaves pies de loto de Su Divina Gracia y me tranquilicé.

Mi amoroso maestro, qué compasivo es usted. Usted siempre me alentó del modo más dulce posible para que me quedara bajo su tutela y realizara servicio devocional. Fui tan desafortunado que no fui capaz de rendirme a su deseo. No pasa un día sin que no me lamente de mi necio comportamiento. Ruego por que algún día tenga la oportunidad una vez más de restregar sus pies de loto. Si sucede, espero recordar cuán fácilmente abandoné un servicio tan codiciable, para no volver a dejar ir nunca más esos suaves y dorados pies de loto.

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