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50. El servicio en separación

Nuestro encuentro y separación en el mundo material es como la crecida del río. Durante la crecida del río, tantos diferentes artículos flotantes se encuentran juntos, y con la corriente son de nuevo separados por el movimiento de las olas. Esa es exactamen­te la dirección de la vida material. Pero nues­tra separación, aun cuando se asemeja exac­tamente a la material, es completamente diferente. En el mundo espiritual, la separa­ción es más gozosa que el encuentro. En otras palabras, en el mundo espiritual no hay separación. La separación es eterna, y el en­cuentro también es eterno. La separación es simplemente otra característica del encuen­tro.
Carta a Bhāvānanda Goswami (3 abril 1969)

«El hecho de que Prabhupāda tenía el poder de facultar a chicos y chicas jóvenes para que fueran alrededor de todo el mundo y establecieran este movimiento es una realidad trascendental. Esa era su gloria. Y la gente que no estaba con él fí­sicamente, estaban teniendo experiencias igualmente intensas, y a veces más intensas. Algunas veces Prabhupāda estaba presente de manera más intensa en aquellos lugares.
»La realidad de la aparición de Prabhupāda en la Tierra se está extendiendo aun hoy en día. No es que sea una persona material, ese es todo el punto. Prabhupāda no era un ser humano confinado solamente adonde se encontraba presente personalmente. Su pre­sencia personal era especial; y esos eran pa­satiempos especiales. Pero Prabhupāda era prácticamente como el Sol: expandía su potencia por todos lados. Y todavía lo está haciendo así. Prabhupāda es el jagad-guru que se expande a través de todo el mundo y continúa expandiéndose en los corazones de todo el mundo.
»Eso está declarado en el Bhāgavatam, en el caso de Sūta Gosvāmī: taṁ sarva-bhūta hṛdayaṁ munim ānato ’smi. Sūta dijo acerca de su guru, Śuka, “Ofrezco mis reverencias a mi maestro espiritual, quien entra en el cora­zón de todo el mundo”. Y similarmente, Vyāsadeva glorificó a su guru, Nārada, di­ciendo: tvaṁ paryatann arka iva tri-lokīm antaś‑caro vāyur ivātma‑sākṣī. “Tú eres como el Sol. Tú vas por todas par­tes, exactamente como el Sol va por todo el universo”. Así, Vyāsadeva dijo antaś‑cara: “En realidad tú entras dentro de todo”. Y vāyur iva: “Tú eres exactamente como el viento. Tal como el aire entra y sale de todos los cuerpos, así mi maestro espiritual puede entrar y salir de todo”. Así debería comprenderse que Prabhupāda en realidad estuvo y está expandiéndose a través de todo el universo.»
Hṛdayānanda dāsa Goswami

«Alguien que toma muy en serio el Bhak­tivedanta Book Trust (BBT o Fondo Editorial Bhaktivedanta), considera que esa es su re­lación con Prabhupāda. Yo pienso que fui su sirviente personal porque ayudé a mani­festar sus libros tan rápidamente como fue posible. Mi relación con Prabhupāda ha sido siempre de esa manera, leyendo sus libros, haciéndolos, y distribuyéndolos en saṅkīrtana, y jamás he sentido caren­cia de asociación. Cuando editaba los libros de Śrīla Prabhupāda me sentía completamente satisfe­cho con sólo entregar aquellos capítulos ca­da semana. Eso era todo lo que yo quería en la vida.»
Devāmṛta Swami

«Yo sé que mientras que tratemos de complacer a Prabhupāda predicando dentro de ISKCON, no podemos andar mal. Así que mi refugio —desde que Prabhupāda abandonó el planeta— fue permanecer en su asociación, con los devotos y con la prédica que continúa. Yo sé que Prabhupāda bendecirá a todo aquel que permanezca en esta asociación, es­pecialmente a sus discípulos.»
Jaya Mādhava dāsa

«Yo sé cómo se sentía Prabhupāda acer­ca de varios aspectos del proyecto Māyāpura. Un día estaba subiendo por la carretera cuando de repente me vino a la mente que esta carretera es tan sagrada porque Prabhupāda solía tomar su caminata matutina aquí. Sentimientos como ese le dan a uno un afec­to y una motivación más fuertes en su servi­cio devocional, en sus proyectos. Ves un grifo goteando, y te acuerdas de cómo reaccionaba Prabhupāda a eso. Esa conciencia de Prabhupāda está ahí.»
Änakadundubhi dāsa


«Los devotos vienen aquí a la casa de Prabhupāda en Vṛndāvana, y se absorben com­pletamente en la modalidad de servicio de aquí. Muchos de ellos sólo vienen y se sientan solitarios y recuerdan a Prabhupāda cuando cantaba. Hubo tantas experien­cias íntimas aquí para tantos devotos de Prabhupāda, en estas pocas habitaciones. Así que me doy cuenta de que la casa de Prabhupāda es un sitio especial para tantos amorosos discípulos de Prabhupāda quienes tuvieron tantos intercambios personales con él aquí. Si el lugar no está bien cuidado, eso es una ofensa para ellos tam­bién, porque significa que la memoria de Prabhupāda no está siendo mantenida con esmero.»
Daivī-śakti‑devī dāsī


«Desde que Prabhupāda abandonó el planeta habré leído todos sus libros unas cuatro o cinco veces, y una cosa que puedo decir es que he empezado a sentir que en rea­lidad estoy con Prabhupāda cuando leo sus libros. Pienso: “Ahora es el momento de sen­tarme con Prabhupāda”. Así como si Prabhupāda viniese al templo de uno, si uno pudiera escaparse y escucharle hablar, lo haría con seguridad. Cuando el guru ha­bla, el discípulo debe venir tan pronto como sea posible. Así, de esa manera, trato cada día de dar tiempo a la lectura de los libros de Śrīla Prabhupāda.»
Rohiṇī-nandana dāsa


«Pienso que mi relación con Prabhupāda gira hasta cierto punto alrededor del deber. Él me dio mi servicio, y pienso que un devo­to no debe solicitar ningún otro servicio di­ferente.  Debe hacer el servicio que le dio su maestro espiritual hasta que se le pida que haga otra cosa, aun si eso significa que debe hacer el mismo servicio toda la vida. Me tomó cerca de diez años llegar a este punto. Antes de esto, siempre me venían ideas de “Probablemente puedo hacer otra cosa... Quizás no soy adecuado pa­ra esto y debería hacer algo diferente”. Pero pien­so que en la mayor parte de los casos eso es māyā. A un devoto se le da un cierto servi­cio, y al igual que en el ejército, uno debe cumplir con su deber aunque vaya a ser ma­tado. Este es para mí un princi­pio muy fuerte en mi conciencia de Prabhupāda: que no puedo abandonar el deber de empujar la conciencia de Kṛṣṇa en mi área.»
Bahūdak dāsa

Muchas gracias a ti y a todos los devo­tos por ofrecerme diariamente una guirnalda como lo estaban haciendo cuando estaba yo físicamente presente. Si un discípulo está constantemente ocupado en llevar a cabo las instrucciones de su maestro espiritual, se da por supuesto que se encuentra constantemente en compañía de su maestro espiritual. Esto se llama vāṇī-sevā. Así hay dos clases de servi­cio al maestro espiritual. Uno se llama vāṇī-sevā y el otro se llama vapuḥ-sevā. Vāṇī-sevā significa ‘ejecutar la instrucción’, y vapuḥ-sevā significa ‘prestar servicio personalmente’. Así que cuando el maestro espiritual no está presente físicamente, el vāṇī-sevā es más importante.
Carta a Karan­dhara dāsa (22 agosto 1970)


49. Personal: Su actitud informal

A veces Śrīla Prabhupāda usaba el sombrero «swami» de una manera có­mica, con las alas sobresaliendo a cada lado de la cabeza. A veces se recostaba con el cuerpo tendido atravesado en su asiento, los pies y las piernas suspendidos por encima de los cojines laterales, completamente relajado. A veces dormitaba trascendental­mente sentado en su habita­ción. Naturalmente, no se comportaba de manera tan informal cuando habían invitados.
Su caminar con el bastón era aristocráti­co, como lo era la inclinación de su cabeza. Todo el mundo lo recibía como un caballe­ro refinado. Usualmente era visto en público con un gran séquito. A menudo cuando esta­ba solo o por lo menos en grupos más peque­ños, las casuales y gráciles poses de su cuer­po, al sentarse o al caminar, sus movimientos al sostener un vaso de agua, con el meñique extendido (un mudrā que significa perfección), el puño de seda de su manga asomándose por debajo de su suéter, y luego las palmas de sus manos delicadas y de líneas suaves ex­puestas mientras hablaba —todo esto encanta­ba y apaciguaba el corazón.
A veces Prabhupāda estaba predicando largamente y luego de repente se levantaba y salía de la habitación, mientras todos esperaban su regreso. Al salir y al entrar de vuelta todo el mundo le daba reverencias. Estos pequeños y placenteros aspectos de su presencia eran un segundo plano del serio asunto que era vivir con Śrīla Prabhupāda. Prabhupāda era severo y grave, siempre hablando de planes inmedia­tos y de difíciles renuncias que les pedía a sus discípulos. Y con todo, la constante alegría de estar con Prabhupāda estaba siempre ahí. Ambas estaban ahí —la alegría de estar cerca de su persona, y la dificultad para seguir sus órdenes. Y en su presencia, la protección de Kṛṣṇa es­taba siempre ahí.
Satsvarūpa dāsa Goswami


48. Śrīla Prabhupāda dijo: Sobre el origen de la entidad viviente

Tu siguiente pregunta es desde dónde cae la entidad viviente a este mundo mate­rial. La exis­tencia en el Brahman impersonal está tam­bién dentro de la categoría de no concien­cia de Kṛṣṇa. Aquellos que se encuentran en la refulgencia del Brahman también están en una condición caída, así es que no es cues­tión de caer de una condición caída. Cuando sucede una caída, significa que uno se cae de una condición no caída.
La condición no caída es la conciencia de Kṛṣṇa. Así que  mientras uno pueda conservar pura su conciencia de Kṛṣṇa, no está caído. Tan pronto como uno está fuera de la conciencia de Kṛṣṇa, está caído. No importa dón­de se aloje una entidad viviente. En el mun­do material también existen diferentes fases de condiciones de vida, y permanecer en la refulgencia del Brahman es también otro aspecto de esa condición caída. Tal como se declara en el Bhagavad-gītā que las almas condiciona­das por sus actividades piadosas son elevadas a sistemas planetarios más altos, pero tan pronto como se acaba su reserva de activida­des piadosas ellos bajan de nuevo al planeta Tierra. Similarmente, aquellos que son eleva­dos por encima de los sistemas planetarios hasta la refulgencia del Brahman, están tan pro­pensos a caer como aquellos que están en un sistema planetario más elevado.
Carta a Revatīnandana dāsa (13 junio 1970)


47. Gotitas de néctar: Bhakta Viśvaretā

Bhāvānanda había sido decorador pro­fesional antes de conocer a Śrīla Prabhupāda, y así Prabhupāda lo ocupó en esa tendencia pidiéndole que decorase el altar para las primeras Deidades de Rādhā-Kṛṣṇa en Amé­rica. Bhāvānanda acababa de terminar su tra­bajo y estaba dando reverencias ante las formas de Rādhā y Kṛṣṇa cuando Śrīla Prabhupāda entró en la habitación.
—Ah, qué bonito —exclamó Prabhupāda—. ¿Quién ha hecho esto?
—Yo, Śrīla Prabhupāda —respondió Bhāvānanda.
—Sí —afirmó Śrīla Prabhupāda—, puedes decorar un club nudista e irte al infierno, o decorar el templo y regresar a Vaikuṇtha.
Entrevista con Bhāvā­nanda Goswami

Cuando Śrīla Prabhupāda estaba en Los Ángeles, un niño de dos años llamado Bhakta Viśvaretā se apegó mucho a él, y Prabhupāda le mostraba una mise­ricordia especial. Bhakta Viśvaretā subía gateando las es­caleras y entraba en la habitación de Prabhupāda sin tocar. Se sentaba frente a Prabhupāda con la espalda recta, y cuando Prabhupāda le daba algo de prasāda, no lo comía hasta que Prabhupāda le pedía que lo hiciera. Prabhupāda estaba muy complaci­do de que a tan temprana edad, el niño po­día cantar japa, recitar versos, y cantar y bai­lar en el kīrtana. Cuando Bhakta Viśvaretā cumplió los cinco años, Prabhupāda le pidió a sus padres que lo enviaran al gurukula de Dallas. Luego en una ocasión, cuando Prabhupāda visitó Dallas, se encontró de nuevo con Bhakta Viśvaretā, y fue como la reunión de dos vie­jos amigos.
Sin embargo en esta ocasión Bhakta Viśvaretā estaba extremadamente tímido. No hacía reverencias, no decía ni hacía nada en presencia de Prabhupāda. Sólo se quedaba de pie mirando hacia abajo. Prabhupāda em­pezó a pellizcarlo en varios lugares y tiró de su śikhā, pero el niño no respondía. Finalmente Prabhupāda le preguntó si le gustaría comer una bolita dulce. Bhakta Viśvaretā asintió con la cabeza. Prabhupāda hizo que su sirviente le consiguiera una, y se la dio. Cuando el niño la tomó y se la comió de inmediato, Prabhupāda sonrió y exclamó: —¡Ah, es un de­voto del prasāda!
Entrevistas con Rāmeśvara Swami y Satsvarūpa dāsa Goswami


46. Él realmente ve a todo el mundo por igual...

Un anciano caballero hindú que visitaba a Śrīla Prabhupāda en su habitación, gradualmente comenzó a ponerse en contra de su prédica.
—Swamiji —dijo el hombre—, usted no debería criticar tanto a las personas. De­bería ver a todo mundo por igual. El Bhagavad-gītā dice paṇḍitāḥ sama‑darśinaḥ: debes ver a todo el mundo por igual.
Prabhupāda respondió: —Esa es una fase más elevada. Yo no me encuentro en esa fa­se. Yo distingo. En la fase más elevada uno no distingue entre la actividad piadosa y la pecaminosa. Pero yo distingo. Yo di­go: «Usted está pecando y debe detenerse»
A medida que continuaba la discusión, Prabhupāda siguió haciendo referencia a los ācāryas anteriores a fin de respaldar su punto de vista.
—Tengo mi Bhagavad-gītā —dijo Prabhupāda—. Y tengo a mis ācāryas. Me apo­yo en su autoridad.
Prosiguiendo el argumento, el visitante dijo: —¿Pero qué ha hecho usted además de eso? Usted solamente está repi­tiendo lo que ellos han dicho. ¿Qué ha he­cho usted?
Prabhupāda respondió: —Yo no he hecho nada. Estoy simplemente repitiendo. Así que mi contribución es que he puesto este cono­cimiento a disposición de la gente de todo el mundo. Sin discriminación, he dado con­ciencia de Kṛṣṇa a todos. Esa es mi contribu­ción y esa es mi versión de paṇḍitāḥ sama­-darśinaḥ­.
Prabhupāda concluyó la entrevis­ta con esas palabras, y el hombre expresó su agradecimiento. Afuera, en el vestíbulo, el hombre comentaba en voz alta para sí mismo: —Qué interesante... Él realmente ve a todo el mundo por igual...
Entrevista con Girirāja Swami


45. Tu enfermedad es incurable

Girirāja dāsa había estado sirviendo a Śrīla Prabhupāda en Bombay por va­rios años cuando finalmente regresó de visita a los Estados Unidos para recobrar la salud y visitar a sus padres en Chicago. Cuando de nuevo regresó a Bombay, Prabhupāda le preguntó acerca de su salud y de la visita a la casa de sus padres.
Girirāja le contó que durante la visita de dos días a su familia, su padre había invi­tado a una amiga psicóloga para que tuviera una conversación con Girirāja. La psicóloga había empezado preguntándole si sentía que en su in­fancia había tenido alguna carencia afectiva en la re­lación con sus padres. Girirāja había contes­tado basándose en el Bhagavad-gītā, que de hecho cada uno de nosotros ha pasado a través de muchos cuerpos en muchas vidas diferentes, y que en cada vida tuvimos dife­rentes padres, pero que nuestro verdadero padre es Kṛṣṇa. La psicóloga había seguido tratando de hablarle a nivel psicológico, pero Girirāja había seguido respondiéndole desde la plataforma espiritual, así que para ella fue muy difícil hacer algún progreso en su análisis. Después de que ella abandonó la habitación, Girirāja la escuchó hablando con sus padres en el pasillo, diciendo que, hasta donde ella podía ver, no había nada más que ella pudiese hacer.
—Sí —afirmó Prabhupāda—, la llama­ron para que tratara de curarte, pero en reali­dad tu enfermedad es incurable. Nunca más po­drás regresar.
Al oír estas palabras de su maestro espiritual, Girirāja se llenó de rego­cijo.
Entrevista con Girirāja Swami


44. ¿Por qué cambian las flores cada día?

En un esfuerzo por hacer las habitacio­nes de Śrīla Prabhupāda en Los Ángeles atractivas y agradables para él, las devotas cambiaban diariamente los floreros, po­niendo abundante flores frescas. Un día, Śrīla Prabhupāda llegó de su caminata matutina y observó que faltaban los floreros.
—¿Dónde están los floreros? —preguntó.
El sirviente respondió que probablemente las madres los habían tomado para cambiarles las flores.
—Esas flores estaban bien —dijo. Entonces empezó a quejarse: —¿Por qué cambian las flores cada día? ¿Por qué son tan despilfarradores? ¿Quién está haciendo esto? Diles que las cambien solamente cuan­do se estropeen. ¿Dónde están los floreros? Ve y encuéntralos inmediatamente.
El sirviente bajó a la co­cina y encontró a las devotas cambiando las flores. —Será mejor que dejen de cambiar estas flores cada día —dijo—. Prabhupāda no quiere. Asegúrense de que el florero no esté nunca fuera de su cuarto.
Cuando el sir­viente regresó a la habitación con los flore­ros, Prabhupāda continuó con el mismo te­ma: —Cámbienlas sólo cuando sea necesario —dijo—. No deben desperdiciar tanto en flores. Esta es la costumbre en América: simple­mente derrochar. Si tienen un pedazo de tela que les sobra, no lo pueden doblar: lo cortan y lo tiran. Cualquier cosa que anda mal, la resuelven con dinero, ¡y les parece bien! Ocasionan un accidente, y rápidamente lo cubren con di­nero. No es que sean tan capaces, es que cubren todas sus deficiencias con dinero.
Entrevista con Śrutakīrti dāsa


43. Tú eres ignorante

Unos cuantos meses antes de la prime­ra visita de Śrīla Prabhupāda al templo de Dallas, un fuerte huracán sacudió el área, derribando árboles. Un alto y valioso ár­bol que daba sombra en el patio del templo también cayó y se quedó apoyado contra el salón de prasāda para los niños. El árbol aún tenía sus raíces en la tierra, pero su opresivo tronco, con sus ramas colgantes, se extendía ahora en un án­gulo agudo por el medio de la vereda, dejando apenas suficiente espacio para pasar por de­bajo. Satsvarūpa, el presidente del templo, no actuó inmediatamente, pero varios devo­tos se le acercaron y le dijeron que el árbol debía ser quitado de inmediato o podría provocar que el edificio en el cual estaba apoyado se derrumbara. Satsvarūpa estuvo de acuer­do, y uno de los devotos se subió al gran árbol con una motosierra y desmanteló las ramas superiores y el tron­co, hasta que no quedó nada más que los tres metros más bajos del tronco inclinado.
Y así se encontraba el árbol cuando lle­gó Śrīla Prabhupāda en septiembre de 1972. Tan pronto como entró en el patio, acompa­ñado por los líderes del templo y guiado por to­do el grupo de niños y profesores del guru­kula, Prabhupāda vio los restos del gran ár­bol y su rostro expresó perturbación. Se salió de la vereda de cemento y caminó por enci­ma del árbol, y así hicieron todos los demás detrás de él.
—¡¿Quién ha hecho esto?! —reclamó. Sats­varūpa admitió su responsabilidad y explicó la razón por la cual el árbol había sido destruido. Prabhupāda movió la cabeza con enojo.
—Esa no era una razón para matarlo —dijo. Satsvarūpa trató de explicar las peligro­sas condiciones y apuntó hacia la abolladura en el techo del edificio. También dijo que el árbol caído de todos modos hubiese muerto pronto.
—No, no está muerto —desafió Prabhupāda—. Mira. Le está creciendo una ramita verde.
Prabhupāda se alejó disgustado, y los devotos se quedaron impresionados ante algo que ahora veían claramente como un acto brutal e innecesario. En su habitación, Prabhupāda continuó criticando la matanza del árbol. Di­jo que esa era la típica actitud americana —cuando algo está mal, de inmediato córtalo y destrúyelo, sin comprensión o compasión por la presencia del alma.
Más tarde, sintiendo arrepentimiento, Satsvarūpa preguntó si había cometido una ofensa.
—No, ofensa no —dijo Śrīla Prabhupāda—. Tú eres ignorante.
Satsvarūpa dāsa Goswami


42. Mucho más que un rey

Cuando Śrīla Prabhupāda estaba a punto de dejar Los Ángeles para hacer un viaje por el mundo en 1976, llamó a algunos de los devo­tos a su habitación.
—Abre mi almirā —le dijo a Rāmeśvara Swami, quien abrió el armario de metal que contenía la ropa de Śrīla Prabhupāda.
—¿Ves esas kurtās? —dijo Prabhupāda—. Saca una.
Rāmeśvara Swami sacó una de un co­lor naranja brillante.
—¿Te gusta esa?—preguntó Prabhupāda.
—Sí.
—Está bien. Esa es para ti.
Rāmeśvara estaba colmado por recibir el tesoro de un remanente de la ropa de Prabhupāda. Otros devotos también recibieron ropa y regalos de mano de Prabhupāda. Entonces ya era casi la hora de que él partiera para el aeropuerto. Con un elegante talento artístico, Prabhupāda se sentó en su escritorio y aplicó el tilaka vaiṣṇava en su frente. Rāmeśvara Swami pen­só para sí que todo acerca de Prabhupāda, la forma en que se sentaba o que caminaba, la manera en que se vestía, y la manera en que se ponía su tilaka, era completamente ma­jestuoso y opulento. Cuando Prabhupāda se levantó para salir de su habitación, Rāmeśvara expresó su apreciación.

—Prabhupāda, para nosotros usted es como un rey.
—Yo soy mucho más que un rey —di­jo Śrīla Prabhupāda, y subió las escaleras. Ahí lo esperaban cien devotos que lo acom­pañaron al aeropuerto en el momento en que iniciaba otra vuelta al mundo.
Entrevista con Rāmeśvara Swami


41. Personal: Bebiendo agua

Una vez, después de demostrar su téc­nica para tomar agua, Prabhupāda le di­jo a un niño que se encontraba presente: —Tú no puedes hacer eso.
Una razón para be­ber de esa manera era la limpieza: los labios de uno no tocan el borde del vaso. Prabhupāda vertía el agua dentro de la boca mientras la tragaba, y luego, poniendo la copa vertical, paraba el flujo del agua sin derramar ni una gota.
En la India, el agua se conserva fresca en grandes jarros de barro. En Occidente, a veces le servían el agua con hielo. Una vez, cuando Prabhupāda pidió agua, su sirviente le pregun­tó:
—¿La quiere fría?
—Agua significa agua fría —respondió Prabhupāda.
Y el agua debía estar cubierta. En la India —contó— dejar descubierto un jarro con agua «es firmar la garantía de tu muerte». En Occidente, la jarra también debía ser cu­bierta.
Śrīla Prabhupāda podía apreciar diferentes sabores del agua. Hacíamos esfuerzos por obtener para él agua de manantiales especiales, como la del pozo de Bhagatji en Vṛndāvana.

Tomaba bastante agua, para la salud y la digestión. Hacía comentarios al respecto, mientras estábamos sentados en su habita­ción viéndolo tomar agua. ¡Pero no había que traerle agua de un cuarto de baño! Una vez, Pradyumna dāsa le preguntó cómo es que el agua puede ser diferente si viene del cuarto de baño, en el caso de que uno no sepa de dónde viene. Prabhupāda contestó que aunque uno no sepa de dónde vino el agua, le afectará la men­te, porque el baño es un sitio contaminado.

Sólo un discípulo podía saber lo dulce que era hablar acerca de esas cosas aparente­mente mundanas. Consultar con Prabhupāda acerca de sus necesidades o hablar acerca del agua era un alivio a problemas más grandes. Uno pensaba, «ojalá pudiera quedarme aquí y ofrecerle agua toda la vida para que pue­da seguir predicando y escribiendo libros»; nada más era tan importante como su agua, su salud, su traba­jo cotidiano en el Bhāgavatam, su satisfacción. No había nada tan hermoso como poder ver su ma­nera de beber, cuando el agua caía de la copa a su boca.
Satsvarūpa dāsa Goswami


40. Más historias cortas: Su aversión a los cambios caprichosos

En Bengala hay un dicho: «Si puedes ca­minar sobre tus manos, hazlo, pero cual­quier cosa que hagas, que sea algo nuevo». Prabhupāda contó esto para ilustrar su aversión a los cambios caprichosos. Estaba especialmente inquieto de que después de su partida sus seguidores se tomaran demasiadas libertades con sus li­bros o con la adoración de las Deidades y que hiciesen cambios innecesarios y desautori­zados.
Entrevista con Rādhāvallabha dāsa

Había una historia acerca de la experta artesanía de un yesero que trabajó en la construcción del Taj Mahal. Uno de los directo­res de obra estaba inspeccionando el edificio en evolución y durante tres días seguidos notó a un cierto yesero que estaba sentado en el mismo lugar mezclando yeso. Al tercer día el inspector se enojó y le gritó: —¡Usted es un perezoso! ¡Está todo el día sin hacer nada, tan sólo mezclando ese yeso!—. El yesero se enojó también, y le lanzó un puñado de su yeso. No alcanzó a pegarle, sino que dio contra la pared. Pero ese yeso estaba tan bien mezclado, tan sólido y duro, que nadie pudo quitarlo de la pared. Y todavía está allí hoy en día.
Prabhupāda contó esta historia para ha­cer hincapié sobre la importancia de la bue­na artesanía y de hacer todo con esmero en el servicio de Kṛṣṇa.
 Entrevista con Raṇcora dāsa

Uno de los discípulos‑secretarios de Śrīla Prabhupāda conocía algo de hindi y escribió una carta que Prabhupāda había dictado. Pe­ro el devoto se disculpó: —Mi letra no es muy buena.
—No importa —respondió Śrīla Prabhupāda—. Nadie puede escribir bien el hindi—. Entonces contó una broma.
Alguien le había escrito una carta en hindi a un amigo, y éste respondió: —La próxima vez que me escribas una carta en hindi, por fa­vor incluye un pasaje de tren para ir a verte.
—¿Y eso por qué?— inquirió el amigo por carta.
El otro respondió: —Porque tengo que ir a verte para que me descifres tu letra.
Entrevista con Bhūmadeva dāsa


39. Más historias cortas: Los en­vidiosos siempre encontrarán alguna falta

Śrīla Prabhupāda decía que muchos de sus hermanos espirituales estaban envi­diosos de su éxito en la prédica. No le gusta­ba señalar esto, pero quería que sus discípu­los estuviesen conscientes de la índole de las crí­ticas que sus hermanos espirituales harían para empequeñecer el trabajo de ISKCON. —No pueden hacer nada por sí mismos —dijo Śrīla Prabhupāda—, y si alguien hace al­go, lo envidian. Esa es la naturaleza de un hombre de tercera clase.
Para ilustrar, Śrīla Prabhupāda contó una historia que había oído de su maestro espiritual. Un hombre le informó a un amigo que un ex-compañero había sido nom­brado juez de la corte suprema.
—Ah, no —replicó el amigo—. Eso no puede ser verdad.
—Sí, lo han nombrado juez —confirmó el hombre—. Lo he visto sentado en el tribunal.
El amigo replicó: —Bueno, puede ser... Pero yo no creo que reciba salario.
Prabhupāda dijo que los en­vidiosos siempre encontrarán alguna falta. Incluso si no hay ninguna falta, fabricarán alguna. Esa es su ocupación. Prabhupāda decía que muchas personas esta­ban envidiosas de su Guru Mahārāja, pero Bhaktisiddhānta Sarasvatī no se preocupaba por ellos.
Extraído de una carta a Yamunā-devī dāsī (18 noviembre 1970)

En la India, Śrīla Prabhupāda siempre ha­bía viajado en automóviles ruinosos, y a menudo tenía que pedir autos prestados. Pero a me­dida que su movimiento crecía, sentía que eso no era correcto. —Estamos gastando montones de rupias para acabar esta cons­trucción en Bombay —dijo—, pero cada vez que llego al aeropuerto, me van a buscar en un auto prestado. ¿Qué clase de impresión tienen los miembros vitalicios, de que siempre nos acercamos a ellos para pedirles prestado su automóvil?
Por años, el carro fue discutido y propuesto, pero nunca apareció. Más tarde, Prabhupāda recibió una carta de un discípu­lo en Europa quien le dijo que compraría un Mercedes para Prabhupāda y lo conduciría desde Alemania hasta la India. Prabhupāda le en­vió un telegrama: «Sí, compra Mercedes».
En ese tiempo, los devotos que se encontra­ban en la India con Prabhupāda dijeron que ha­bían oído que el devoto iba a comprar el automóvil con dinero del Fondo Editorial Bhaktivedanta (BBT), o sea, con dinero de Prabhupāda. Śrīla Prabhupāda dijo que eso le recordaba una historia famosa. Un guru fue a la casa de un discípulo pobre y fue recibido con gran opulencia. Cuando preguntó cómo era posible que su dis­cípulo pudiera permitirse tan agradables arre­glos, el discípulo le dijo: —Gurudeva, todo le pertenece a usted—. Más tarde el guru vio que su cuenta bancaria se había vaciado, y pudo comprender que el discípulo había gastado todo el dinero de su guru.
Prabhupāda dio la orden de que su discí­pulo no comprara ningún automóvil para él con dinero del BBT para luego afir­mar «Prabhupāda, todo le pertenece a usted».
Extraído de una carta a Puṣta Kṛṣṇa dāsa (10 enero 1976)


38. Śrīla Prabhupāda cuenta historias cortas

En Australia Śrīla Prabhupāda estaba es­perando en la terminal del aeropuerto por un vuelo retrasado. Le pidió a Amogha dāsa que fuese al mostrador para averiguar la hora de salida. El empleado contestó que la nueva hora para abordar se­ría en quince minutos. Śrīla Prabhupāda oyó esto, pero después de veinte minutos, como no había ningún aviso, les pidió a los devotos que verificaran otra vez. Una vez más, el abordaje sería en quince minutos. Śrīla Prabhupāda siguió mirando su reloj cada quince minutos y pidiendo a los devotos que averiguaran información adicional.
Después de algún tiempo, Śrīla Prabhupāda contó una historia. Dijo que una vez un hombre atestiguó en un caso de la corte que había tenido sesenta años de edad duran­te los últimos quince años, y sostuvo que por honestidad no había deseado cambiar su de­claración. —Así —dijo Śrīla Prabhupāda— to­davía dicen que faltan quince minutos para abordar. Eso es honestidad. Ha pasado una hora y cuarto, y todavía no cambian su aviso: «quince minutos».
Entrevista con Amogha dāsa

Una de las historias bengalíes de Prabhupāda era acerca de un doctor que visitó una casa para diagnosticar a dos pacientes: una rica ama de casa y su empleada. El doctor dijo: —Su empleada tiene 40° de fiebre, hay que preocuparse un poco. Le daré una medicina. En cambio usted prácticamente no tiene fiebre: 37°, así que no hay ninguna inquietud.
Cuando oyó esto, el ama de casa se enojó y exclamó: —Este doctor no sirve para nada. Yo soy la propietaria. Yo solamente tengo 37° y mi sirvienta 40°. ¡La sirvienta debería te­ner 36°, y yo debería tener 43°!
Prabhupāda comparó esto con la civili­zación moderna, la cual está inclinada a in­crementar el grado de su fiebre hasta 43°. Al igual que en el cuerpo humano sobreviene la muer­te tan pronto como la temperatura alcanza los 42°, así Prabhupāda dijo que por medio de las armas nucleares, la civilización moderna llegará al punto de 42° y más. En cambio los de­votos quieren reducir la fiebre, viviendo la vi­da más elevada e ideal y disminuyendo las demandas del cuerpo.
Clase dada por Śrīla Prabhupāda


37. Śrīla Prabhupāda dijo: Acerca del dinero

Una vez, durante una caminata, Prabhupāda estaba explicando que el uso del pa­pel moneda es un proceso fraudulento. Dijo que el gobierno alienta a la gente a trabajar duramente en las fábricas para desarrollar la economía de la nación, y sin embargo les pa­gan solamente con pedazos de papel. Cuando el gobierno no tiene suficientes pedazos de papel, imprime más, y así toda la economía está basada en el engaño. Prabhupāda dijo que la economía védica está basada en el sis­tema del trueque. Si el sistema de trueque no es posible, entonces por lo menos debería usarse la norma del oro, porque el oro tiene un valor y la cantidad de oro es limitada. Después de oír a Prabhupāda describir la economía ideal basada en la civilización védi­ca, un devoto preguntó:
—Pero si todas las transacciones son hechas en oro, sería muy difícil hacer tratos muy grandes, porque car­gar el oro y cambiarlo sería muy gravoso.
—Eso está muy bien —respondió Śrīla Prabhupāda—. ¿Por qué tienen que haber gran­des transacciones? Grandes transacciones significa que la gente está acumulando más de lo que necesita. No queremos grandes transacciones. Queremos que cada persona tenga sólo lo que necesita.
Entrevista con Girirāja Swami

Prabhupāda contó una parábola acerca del dinero. Un hombre le preguntó a su amigo: —¿Tú tienes inteligencia?
Entonces el amigo empezó a hurgarse los bolsillos. El hombre, extrañado, preguntó: —¿Qué estás buscando?
 El amigo respondió: —Bueno, si tengo algo de dinero en los bolsillos, significa que tengo inteligencia.
Prabhupāda ex­plicó: —En realidad, en nuestro movimiento todo está marchando por mi inteligencia y la cooperación de ustedes. Ustedes están predicando de una manera muy inteligente, pero si no hay dinero, ¿dónde está la inteligencia?
Entrevista con Girirāja Swami

Prabhupāda dio la orden de que el 50 por ciento de las entradas debía ir al Fondo Editorial Bhaktivedanta [el Bhaktivedanta Book Trust, o BBT] y el resto debía ir a la construcción de nuevos templos u otros proyectos. Dijo que, en cierto sentido, el movimiento de conciencia de Kṛṣṇa es como una empresa, y que por lo tanto debe ser dirigido de esa manera. En otras palabras, el movimiento está obteniendo sus entradas sobre la base de sus li­bros (ya fuese por la distribución directa o por los miembros vitalicios); por lo tanto, al igual que en cualquier negocio, el capi­tal debía ser reinvertido en el mismo nego­cio.
—Así que tienen que dar el 50 por ciento de su dinero al Fondo de Libros.
Entrevista con Tejās dāsa

Debemos vivir con un ingreso insignifi­cante, apenas lo que recibamos por la venta de nuestras revistas. Sólo en una necesidad extrema, cuando no haya otro camino, pode­mos aceptar temporalmente algún otro servicio. Pero como principio, debemos continuar el saṅkīrtana, no trabajar. Así que, basados en ese principio, debemos aceptar solamente lo que nos dé Kṛṣṇa. Tú eres un miembro an­tiguo del movimiento, ya deberías saber todas estas cosas. De todos modos, envía de nuevo a todo el mundo a saṅkīrtana. Todos los devotos de Amsterdam deben estar ocupados en saṅkīrtana, no en una fábrica de cigarrillos.
Carta a Haṁsadūta dāsa (9 enero 1971)

Śrīla Prabhupāda aprobó que sus discípulos hicieran planes ambiciosos para difundir la conciencia de Kṛṣṇa.
—Pero Prabhupāda —preguntó un devoto—, ¿de dónde vamos a sacar el dinero para hacer todo esto?
—Ustedes hagan los planes —dijo Prabhupāda—: Kṛṣṇa proveerá el dinero.
Entrevista con Nanda-kiśora dāsa

Tú me preguntas acerca de la adoración a Gaṇeśa. En realidad es­o no es necesario para nosotros. Pero si alguien tiene el sentimiento de querer ob­tener las bendiciones de Gaṇeśa y así conseguir grandes cantidades de dinero para el servicio de Kṛṣṇa, entonces está bien. Pero cualquiera que adopte esa clase de adoración, cada mes debe en­viarme por lo menos cien mil dólares. No menos. Si no me puede enviar esa can­tidad, no puede adorar a Gaṇeśa.
Carta a Bhakta dāsa (1º febrero 1975)

A Śrīla Prabhupāda no le gustaba depositar dinero en un banco.
—Tan pronto como haya dinero en el banco —decía— habrán dolores de cabeza: este impuesto, aquel impuesto...
Entrevista con Rāmeśvara Swami

Prabhupāda decía: —A pesar de que tenemos tanto dinero no tenemos proble­mas. Incluso si perdiéramos ese dinero, aun así no se nos entorpecería nuestra misión. Ahaituky apratihatā—no podemos ser detenidos. La conciencia de Kṛṣṇa continuará con devoción pura.
—Sí —concordó uno de los devotos—, aunque tuviéramos que escribir los libros a mano y distribuirlos.
Satsvarūpa dāsa Goswami, memorias


36. Gotitas de néctar: Pri­mero debe lavar todas las ollas

En Hyderabad, después de la conferencia en un paṇḍāl, un muchachito hindú pasó la noche con los devotos. A la mañana siguiente entró a la habitación de Śrīla Prabhupāda junto con los devotos ini­ciados y se sentó cerca de Prabhupāda. Tan pronto como Prabhupāda lo vio, apuntó hacia la puerta sin decir palabra alguna. El muchacho tampoco dijo nada, pero se levan­tó y se fue. Entonces Śrīla Prabhupāda se volvió hacia uno de los sannyāsīs y dijo: —Pri­mero debe lavar todas las ollas—. Explicó que Bhaktisiddhānta Sarasvatī Ṭhākura siempre había probado primero la sinceridad de al­guien que quería unirse pidiéndole que lava­ra ollas.
Entrevista con Śrutadeva dāsa

En Japón, Śrīla Prabhupāda viajaba en monorriel. Al principio el asiento enfrente de él estaba vacío, y Bhūrijana dāsa invitó a Prabhupāda a que subiese sus pies ahí, ya que los asientos estaban inconfortablemente apretados. El asiento vacío estaba en reali­dad reservado para otro de los discípulos de Prabhupāda, Bhānu dāsa. Momentos más tarde, las autoridades del monorriel insistieron en que cada quien debía sentarse en su propio asien­to. Bhūrijana entonces se volvió hacia Śrīla Prabhupāda, esta vez con inquietud.
—Śrīla Prabhupāda, disculpe, el devoto tiene que sentarse. ¿Podría retirar sus pies de loto?
—Sí —respondió Śrīla Prabhupāda—, qui­taré mis pies para que se pueda sentar el devoto de loto.
Entrevista con Bhūrijana dāsa

Śatadhanya Mahārāja estaba hablando con Śrīla Prabhupāda en su cuarto en Māyāpura, cuando descubrió que habían hormigas en el escritorio de Prabhupāda. Śatadhanya se puso de pie y empezó a aventarlas con su uttarīya (capa de sannyāsī). Sentado pacíficamente contra los coji­nes de la cabecera, Prabhupāda lo miraba, y co­mentó:
—Antes las hubieras matado, pero ahora no lo has hecho porque estás purificado.
Entrevista con Satya‑nārāyaṇa dāsa


35. El responsable di­recto soy yo

En Bombay los devotos podían ver libre­mente a Śrīla Prabhupāda y hacer sus preguntas. Pero Pañcadraviḍa Swami sentía que a medida que el movimiento creciera no podría mantener una relación tan íntima con su maestro espiritual. Un día entró en las habitaciones de Śrīla Prabhupāda y le reveló su duda.
—Hay algo que no comprendo —dijo Pañcadraviḍa Swami—. ISKCON es una asociación tan grande. ¿Có­mo puedo entender que tengo una rela­ción personal con usted? Si estoy en algún sitio del otro lado del mundo y estoy, por ejemplo, barriendo o lavando el piso de un templo, ¿cómo puedo saber que lo estoy sir­viendo personalmente a usted?
—Sí, ISKCON es tan grande —Prabhupāda contestó simplemente—, pero yo soy tan pequeño—. Pañcadraviḍa de inmediato se sin­tió satisfecho, pero Śrīla Prabhupāda explicó aún más.
—Estás hablando de que si tú haces servicio en algún templo —dijo Śrīla Prabhupāda—, pero en realidad tú no tienes que hacer nada. El responsable di­recto soy yo. Yo soy el que debo mantener to­dos los templos, ver que todos los pisos sean barri­dos, todas las ollas lavadas, que todo esté limpio en todos los templos de ISKCON, en todas partes del mundo. Pero yo no lo puedo hacer to­do por mí mismo. Es como una ceremonia ārati. Yo puedo estar ofreciendo el ārati, pero te pido «por favor dame el abanico», a fin de que yo pueda ofrecérselo a Rādhā y Kṛṣṇa. De esta manera, te estoy pidiendo que me ayudes en el templo predicando, o barriendo el suelo, ¿comprendes?
Entrevista con Pañcadraviḍa Swami


34. Yo no soy ISKCON. Yo soy un miembro de ISKCON


Cuando Śrīla Prabhupāda visitó Hawai tuvo que tratar con personas controver­tidas que reclamaban ser sus seguidores y que sin embargo se declaraban contrarios a ISKCON. Prabhupāda quería animar a todo el mundo a seguir cantando Hare Kṛṣṇa, pero al mismo tiempo quería establecer claramente que su seguidor sincero trabaja dentro de ISKCON. Las preguntas y respuestas después de sus clases en Hawai trataban muy a menudo estos asuntos.

—¿Qué es ISKCON? —preguntó un mu­chacho de la playa con cabello largo y que llevaba una bolsa de japa.

—¿ISKCON? —contestó Śrīla Prabhupāda—. Es simple, ¿no lo sabes?—. En­tonces describió lo que significaba cada letra de la sigla ISKCON (la Asociación Internacional para la Conciencia de Kṛṣṇa). —Tenemos una asociación alrededor del mundo, así que decimos «inter­nacional».

—Bueno, pero ¿usted es ISKCON? —preguntó el muchacho. Era una pregunta capciosa. Los devotos habían estado predicando que Śrīla Prabhupāda era ISKCON, que uno no puede sostener que sirve a Śrīla Prabhupāda y al mismo tiempo negarse a servir a ISKCON. Pero el partido anti‑lSKCON había argüido que Śrīla Prabhupāda e ISKCON eran dos cosas diferentes. Prabhupāda era puro y trascen­dental; ISKCON era corrupto, una mera or­ganización material.

Śrīla Prabhupāda rió: —Yo no soy ISKCON —explicó—. Yo soy un miembro de ISKCON—. Entonces miró a uno de sus discípulos, que era el secretario GBC para Hawai. Prabhupāda apuntó hacia él y dijo: —Él es otro miembro de ISKCON—. Luego apuntó al pre­sidente del templo de Hawai. —Y él es otro miembro más de ISKCON. Todos somos miembros de ISKCON, la Asociación Interna­cional para la Conciencia de Kṛṣṇa.

Casi to­dos los presentes gritaron: —¡Jaya!—. Enton­ces Prabhupāda miró hacia atrás sonriendo. No hubo más desafíos a su perfecta y humil­de respuesta.
Entrevista con Praghoṣa dāsa